Teníais que haber visto la emoción que me ambargó el día que conocí a un grupo de indígenas que me permitieron acercarme a su pequeño universo, algunos me decían al despedirse: "gracias señorita" tan sólo por haberles acompañado alguna tarde; pocas palabras pero entrañables y sinceras.
No tenían agua, ni luz, ni educación, ni salud; con qué felicidad miraban a mi cámara, cuánto exotismo en las fotos. Deslumbrada por sus vestidos y peinados me preguntaba que quizás no fueran tan ancianos como aparentaba aquella piel curtida por el sol y el viento y así era, no sólo el clima sino las luchas, las aspiraciones, las dificultades, las esperanzas, las frustraciones, todo estaba reflejado en las arrugas de aquellos rostros ajados por la intemperie.
Para mi fue un verdadero encuentro, un momento de mucha carga emotiva, así pude saber que para ellos la tierra es "la madre" y a la madre no se vende sino que se defiende si es preciso con uñas y dientes. Saben muy bien que el enemigo común es el vil metal, que todo lo que toca lo envenena. Unas veces han sido víctimas de la represión, otras olvidados y marginados de las políticas públicas, se reconoce su singularidad, las leyes lo dicen así pero sin llevarse a cabo de manera práctica.
Aunque me estoy refiriendo a los mayores, los jóvenes, con sus escasos conocimientos no pueden superar el exámen de ingreso que les permita cotinuar estudiando, muchos abandonaron porque tampoco es fácil desplazarse desde sus comunidades para estudiar, y no es sólo que sea caro sino que no se les ofrece una educación intercultural porque los planes educativos no contemplan los conocimientos de los pueblos originarios, lo cual se convierte en una dificultad añadida.
Los latifundistas poseen casi toda la tierra, los terratenientes se enriquecen con las exportaciones, hay especulación inmobiliaria y otros muchos males.
Quiero lavar su nombre porque no es cierto que quieran ser freno al desarrollo y la modernidad, se puede decir que son las multinacionales que pactando con los estados les arrebatan el territorio que les pertenece, bien para extraer minerales, madera o construir presas sin olvidar el petróleo que como alguien dijo: "mancha todo, incluso las conciencias".
