Así era mi padre, un hombre muy guapo, con los ojos claros y un cabello ondulado muy negro, su prematura alopecia no mermó para nada, la belleza de su juventud. Como persona siempre ha sido muy pacífico, de los que ceden para apaciguar una situación difícil, es sincero, muy servicial, de poca palabra y dispuesto a un favor bajo el lema de "haz bien y no mires a quién", hace imitaciones, dobla voces, inventa máquinas y se ruboriza cuando ríe, sabe reconocer las especies de la naturaleza y tiene gran sentido de la orientación en el campo.
Por ser de Aragón es maño, por ser habilidoso es mañoso y por edad, un octogenario con ganas de seguir aprendiendo. Buen ciclista, gran cazador, excelente apicultor y mejor ebanista, por eso no se cansa de repetir su chiste favorito, porque en su oficio manual y artesano el colmo es: tener el pelo al cepillo, una pata de palo, casarse con una mujer cómoda, tener un hijo listón, una hija traviesa y un perrito que le mueva la cola.
Recuerdos hay muchos, la zamarra de cuero cuando viajábamos en la Vespa blanca, el periódico en el pecho que hacía de cortavientos, mi madre de medio lado, con falda y pañuelo en la cabeza y la niña de seis años sujetándose entre ambos, 70 km. por carretera y sin casco.
Foto: Mi padre aparcando el Seat 600 (prácticas de la autoescuela). A mediados de los 60.
Recuerdo también las hormigas de ala y el vesque, junto con mis gritos para ahuyentar a los pájaros, lo que me valió alguna reprimenda y la promesa de que nunca más me llevaría con él al monte.
Otro recuerdo son los domingos en temporada de caza con las cananas y escopetas al amanecer, en los ratos libres veía a mi padre preparar los cartuchos y me entretenía en observar la recarga con los perdigones, el taco y la pólvora, en tanto los hombres llegaban exhaustos del monte al caer la tarde y siempre había alguno que cariñosamente me atrapaba la nariz con sus dos dedos a modo de pinza y con las manos me hacían figuras de sombras que se proyectaban en la pared, jugábamos a adivinar de qué animal se trataba. El sentido del orden y de la pulcritud de nuestra cocina se veía perturbado por la escena de los conejos y perdices, tirados en el suelo, entonces el hurón daba ágiles volteos y aunque advertían que podía morder lo consideraba mi mascota.
Siento aún el persistente olor de su ropa cuando llegaba a casa tras la jornada e inundaba su presencia con aroma a serrín y viruta, un olor que me transporta agradablemente al pasado, pocos niños de mi edad conocían tan bien como yo herramientas tales como berbiquí, formón, garlopa, escoplo y gubia.
Dejo aquí este texto Rabindranath Tagore, es una alabanza a la madera y al tronco de árbol, elemento del paisaje y de la huerta, de construcción y combustión, cargados de energía vital y sagrado en la mitología.
"Yo soy la tabla de tu cuna, la madera de tu barca, la superficie de tu mesa, la puerta de tu casa. Yo soy el mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez. Yo soy el fruto que te regala y te nutre, la sombra bienhechora que te cobija contra los ardores del estío, el refugio amable de los pájaros que alegran con su canto tus horas y limpian de insectos tus campos. Yo soy la hermosura del paisaje, el encanto de la huerta, la señal de la montaña, el lindero del camino.
Yo soy la leña que te calienta en los días de invierno, el perfume que te regala y embalsama al aire a todas horas, la salud de tu cuerpo y la alegría de tu alma. Por último, yo soy la madera de tu ataúd.
Por todo esto, viajero que me contemplas, tú que me plantaste con tu mano y puedes llamarme hijo, o que me has contemplado tantas veces, mírame bien, pero no me hagas daño."
¡¡Felicidades!!

