El pan es el alimento básico de los humanos, un artículo de primera necesidad, imprescindible e incluso sagrado a lo largo de la historia. Se le canta por ser fruto de la tierra y del trabajo de los hombres y los días pueden hacerse muy largos sin él porque todavía son muchos los lugares donde llevarse algo al estómago es toda una aventura. Y sin embargo me extraña que no fuera el alimento por excelencia de una cartilla de racionamiento y sí lo fueran el tabaco y el café; el pan es el que piden los hombres desde la antigüedad cada vez que rezan. Como diría un amigo mío cuando solicita bendiciones, pide una para el pan, otra para los que aquí nos vamos a juntar y añade, otras tres: para el que lo sembró, para el que lo cosechó y para el que con tanto amor lo preparó.
Un día, rodillo en mano, moviéndolo con garbo sobre la masa y espolvoreando la harina, le comenté mientras observaba la escena: “parece que lo has hecho toda la vida” y él contestó entre risas con algo que yo no sabía: “lo he hecho muchas veces, es que soy hijo de panadero”. Este verano me enseñó a hacer lazos y en las reuniones los ancianos se los merendaban con su vaso de avena o de linaza. Un día se me ocurrió decir: “de grandes cenas, las tumbas llenas” y me contestaron en el sentido más literal de la frase: “más llenas están de muertos de hambre”.
Un día, rodillo en mano, moviéndolo con garbo sobre la masa y espolvoreando la harina, le comenté mientras observaba la escena: “parece que lo has hecho toda la vida” y él contestó entre risas con algo que yo no sabía: “lo he hecho muchas veces, es que soy hijo de panadero”. Este verano me enseñó a hacer lazos y en las reuniones los ancianos se los merendaban con su vaso de avena o de linaza. Un día se me ocurrió decir: “de grandes cenas, las tumbas llenas” y me contestaron en el sentido más literal de la frase: “más llenas están de muertos de hambre”.

Sobre todo es en el ámbito cristiano donde el pan guarda un mayor simbolismo. Mi abuelo le hacia una cruz antes de partirlo en la mesa, en casa conservamos una artesa para amasar, operación que implica madrugar. En la mayoría de las culturas, el pan simboliza la meta de todos los esfuerzos, no en vano cada día hay que “ganarse el pan” con el sudor de la frente o no puede considerarse bien situado quien no tiene “el pan asegurado”.
Los primeros cultivadores de tierras tomaron los granos de trigo silvestres y sobre una losa, los machacaron con piedras, cuando tuvieron harina vieron que les bastaba para sobrevivir. También este verano me enseñaron una piedra de moler que se llama batán, la cual se sostiene con ambas manos con un movimiento de balanceo.
Cuando llegamos a un pueblo no somos pocos los que seguimos el rastro del olor a pan cocido de las panaderías. Dice Laura Esquivel que llevarse un pedazo de pan a la boca es como “gozar de un cierto gusto al Paraíso”.
Dedico este texto a los que no tuvieron ni tienen la suerte de comerlo, cuyas penas con pan, serían menos penas, aquellos cuya hambre no es escuchada aunque imploren en sus ruegos: “danos hoy nuestro pan de cada día," o la de esos otros que tuvieron la mala suerte de no nacer con el pan debajo del brazo.
El maná que caía del cielo, fue como un antecedente del pan en la cultura cristiana en su larga búsqueda del paraíso prometido.
ResponderEliminarY sí, tres culturas basan su desarrollo en granos esenciales que se dan en sus territorios; la del trigo, la del maíz y la del arroz. La tres se han repartido la riqueza-pobreza del mundo. Tú Loli, eres de la cultura del trigo, yo de la del maíz , hermanadas hoy por la escritura que nos ofrece ese alimento para nuestro espíritu día a día.
Una belleza en verdad tu reportaje gráfico.
Besos con el aroma del santo olor a la panadería.
*Trata de subirlo como entrada nueva, lo copias pegas querida amiga.