¡Qué pena tan lastimosa!
Corro mi casa como una loca
de la cocina a la alcoba....
...¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!
García Lorca
Leía un artículo de Carme Chaparro, que en general ha gustado mucho y que para mi ha sido inspirador, por eso me propongo hacer esta entrada, el artículo se titulaba "Solos sin estarlo" en el que se decía que 4 millones de franceses tienen tres conversaciones de verdad al año, es decir, una cada 4 meses, se trata de un suicidio crónico que puede conducir a la persona a quererse poco y a temer el silencio. He buscado entre mis fotos y encontré estas tres, un banco vacío, sin nadie que se acerque a susurrarse, una chumbera en una tierra áspera con sus inevitables pinchos y una pareja de canarios en amoríos, el macho canta para atraer a la hembra y ella prepara el nido.
Parece ser que este año en ese país la soledad es la causa nacional y dicen franceses como podrían decir españoles o noruegos porque la soledad es una emoción universal que va en aumento y no conoce edad, que asusta, se oculta, avergüenza que se sepa y son escasos los que se atreven a expresar que necesitan contacto humano, como decía Lorca en su romance de la Pena Negra "sin compañía y a estas horas", quizás para que nadie sienta lástima, por eso algunas veces leemos en los periódicos: "hallado el cadáver de un hombre/mujer en el interior de su vivienda, se cree que pudiera llevar un mes fallecido".
No sé si estaré llevando el tema de esta enfermedad del siglo a un extremo pero no es tan infrecuente, lo saben bien los psicólogos del teléfono de la esperanza y si no vean lo que la Universidad Politécnica de Cataluña ha creado, es todo un invento, una ayuda virtual emocional en el domicilio, cuando lo leí no lo podía creer, porque ya no es al otro lado de los Pirineos sino en nuestra propia casa, sólo nos faltan sensores que detecten el ánimo con que nos vestimos, desayunamos o nos duchamos, entonces un ordenador se comunicará con la persona para motivarla, quizás nos proponga cantar bajo la ducha o sugerirnos poner música para despertar, qué sé yo... no será nada más que un aparato que diga lo que debes hacer cuando estés de bajón y ahora, con moderna religiosidad, yo no los he visto, pero dicen que también hay confesionarios automáticos que imponen la penitencia por unas monedas, como si fueran cajeros o cabinas de teléfono.
Si se pudiera reproducir un día cualquiera de una mujer que vive sola y de la que no vive sola pero se siente podríamos ver que no necesariamente la monotonía y los actos rutinarios tiene que empujarla a padecer de tristeza pero lo más probable al salir de casa por la mañana es no coincidir con ningún vecino o encontrarse con la señora que limpia la escalera y puede sonar a música celestial que diga con escoba en mano: "señorita, que tenga usted un buen día" o que al cruzarse con el vecino del tercero le cuente que ahora lleva muletas porque le acaban de operar por segunda vez. Aquí ya llevamos dos sonrisas, las primeras del día porque puede darse un gesto educado y sin palabras, un movimiento de cabeza o una mano levantada en señal de saludo.
En el artículo hablaba de una mujer que es cajera de un supermercado y reproducía sus palabras: ¿desea bolsa?, son dos céntimos, ¿tiene tarjeta del establecimiento?, etc, etc. muchedumbre pero soledad incluso en la caja de un supermercado por la que pasan tantas personas al día, la mayoría clientes habituales.
En el artículo hablaba de una mujer que es cajera de un supermercado y reproducía sus palabras: ¿desea bolsa?, son dos céntimos, ¿tiene tarjeta del establecimiento?, etc, etc. muchedumbre pero soledad incluso en la caja de un supermercado por la que pasan tantas personas al día, la mayoría clientes habituales.
Al llegar a la parada del bus alguien de paso le pregunta: ¿cómo estás? y le responde antes de subir: - "Bien, gracias", otro le dice: "- ¿qué, al trabajo?" y contesta: "- Sí, para no variar" pero acababa de dar los buenos días y descubre que uno no contestó porque no le dio la gana y el otro lleva los cascos con música estridente y ese, ni oye ni escucha y además el conductor estaba de mal humor: "¡Suban deprisa o cierro la puerta!". A continuación pasa por la maquinita el abono anual de transporte urbano, si encuentra sitio se sienta, si no, de pie y si se sienta, se levanta porque acaba de entrar un anciano y con suerte de que el bus no vaya completo y pase de largo sin detenerse mientras alguno despotrica diciendo que siempre lo pagan los mismos, los trabajadores.
Llega al trabajo:
- "Hola, buenos días Fernando"
Y el compañero mientras se aleja por el pasillo le contesta:
"- Ya, ya te he visto, salgo ahora mismo para Soria, ¿deseas algo?"
- "Sí, de Soria, mantequilla."
Pues nada, siga su camino y vaya con Dios.
Y ahora las críticas: ya viene el petardo y la que faltaba, otra compañera a la que llaman "tacones lejanos", qué asco de lunes, casi no llego, hay un atasco de narices, etc.. Llega otro compañero mostrando un hematoma impresionante: "- Una loca se me ha tirado a la bici y me he caído al suelo, mira qué pierna llevo". Llega la última compañera y a esta le dice: ¡chiquilla despierta tu mar en calma" y ella le contesta pidiendo permiso a las sílabas: -" ¿no ves que necesito un par de horas para despejarme?", esta es la que anda por la calle y si se la encuentra ni la ve, porque no camina como las personas normales, de frente y con la cabeza levantada, sino que lleva la mirada fija en la pantalla de la BlackBerry, ayer le confesó que duerme con ella por si acaso le llega un mensaje y para asustarla la otra le dice: "eso mismo, tú, absorbe radiactividad".
Después de comer más de lo mismo. "Es inhumano trabajar en plena digestión". "Si esto es vida, que no se acabe". Hasta ahora las conversaciones, como podemos ver, han sido profundísimas y al acabar el día lo que espera es sofá, tele, cansancio y sueño si es que la protagonista de esta triste historia no tiene insomnio porque lo que no tiene con total seguridad es alguien que le espere al llegar a casa, como mucho un gato o un perro que lleva el día tan solo como ella.
Por la vida de cualquiera pueden pasar cincuenta personas al día sin conversación real, ya no digo profunda , no hay que irse a Francia para verlo y eso que no es lo mismo una zona rural que urbana ni vamos a entrar en si la tele reemplaza a la calle o el bar.
Se ha detectado un aumento de incomunicación que inquieta sobre todo en personas de edades comprendidas entre los 30 y los 50 años. Mujeres que viven solas, viudos, separados o jóvenes en paro que hacen del ordenador el único contacto con el mundo pero aún hay algo peor, el que teniendo familia llega a casa y sólo habla del tiempo atmosférico o de la vecina que acaba de oír cómo castiga a su niño con la frase de "no salgas de tu habitación, hasta que yo lo diga".
Por eso las desavenencias son mayores en las vacaciones de verano, cuando hay más contacto o en Navidad cuando se está más tiempo juntos. Debería ser a la inversa, un tiempo deseado y dedicado a la familia sin otra ocupación que se interponga porque de ahí viene que la persona se llegue a creer poco interesante y su interés por socializarse decrezca y por ello se sufren las depresiones.
Se ha detectado un aumento de incomunicación que inquieta sobre todo en personas de edades comprendidas entre los 30 y los 50 años. Mujeres que viven solas, viudos, separados o jóvenes en paro que hacen del ordenador el único contacto con el mundo pero aún hay algo peor, el que teniendo familia llega a casa y sólo habla del tiempo atmosférico o de la vecina que acaba de oír cómo castiga a su niño con la frase de "no salgas de tu habitación, hasta que yo lo diga".
Por eso las desavenencias son mayores en las vacaciones de verano, cuando hay más contacto o en Navidad cuando se está más tiempo juntos. Debería ser a la inversa, un tiempo deseado y dedicado a la familia sin otra ocupación que se interponga porque de ahí viene que la persona se llegue a creer poco interesante y su interés por socializarse decrezca y por ello se sufren las depresiones.
Pobre de aquel que queda con amigos sólo para distraerse un rato sin haber descubierto lo que representa quedar con ellos porque se desea comunicarse en jugosa relación personal, son las amistades oportunistas y superficiales pero más pobre quien no las tiene.
Existen locales de moda en las grandes ciudades y agencias de viajes para solteros pero la desesperación no debe alcanzar hasta el punto de quedar con cualquiera que sea para iniciar una relación que haga escapar del aislamiento porque si la elección no es afortunada será peor el remedio que la enfermedad, como saltar de la sartén para caer al fuego. Los psiquiatras saben que la mayoría de pacientes sólo necesitan hablar y eso lo veo en mi trabajo cuando las personas somatizan con cuestiones que no tienen nada que ver con lo que dicen que les preocupa.
Veremos que no sólo es un mal actual, de las grandes ciudades, del hiperindividualismo, del cambio de la estructura familiar o propio de ermitaños atados a los programas de radio nocturnos puesto que en 1885 ya se publicó un cuento de agudo pesar titulado: "La tristeza", escrito por un médico, nada menos que Chéjov y de eso ha transcurrido mucho tiempo.
Existen locales de moda en las grandes ciudades y agencias de viajes para solteros pero la desesperación no debe alcanzar hasta el punto de quedar con cualquiera que sea para iniciar una relación que haga escapar del aislamiento porque si la elección no es afortunada será peor el remedio que la enfermedad, como saltar de la sartén para caer al fuego. Los psiquiatras saben que la mayoría de pacientes sólo necesitan hablar y eso lo veo en mi trabajo cuando las personas somatizan con cuestiones que no tienen nada que ver con lo que dicen que les preocupa.
Veremos que no sólo es un mal actual, de las grandes ciudades, del hiperindividualismo, del cambio de la estructura familiar o propio de ermitaños atados a los programas de radio nocturnos puesto que en 1885 ya se publicó un cuento de agudo pesar titulado: "La tristeza", escrito por un médico, nada menos que Chéjov y de eso ha transcurrido mucho tiempo.


