Repite: El mundo está en paz y yo también.

viernes, 20 de julio de 2018

UN LIBRO: LOS ABANDONOS




Los abandonos es el título de un libro que pone de manifiesto que sentir es más importante que analizar, está escrito por Cayetana Guillén Cuervo, la hija pequeña de dos monstruos de la escena en nuestro país. Cayetana estudió Arte Dramático y Periodismo ¿quién no la conoce?.  Hoy quiero hablar de su obra personal y vivencial, dedicada a sus padres, maravillosamente escrita.  Lleva el encanto de su larga melena y su sonrisa en la contraportada, y en el interior las ilustraciones son pinturas de José Luis Massó, actor, escenógrafo y acuarelista.


Cuenta con diez capítulos, fruto de pensamientos profundos inspirados por los recuerdos, la enfermedad, la vejez y la muerte de su padre, si los juntamos todos ellos, forman un desenlace amargo, porque angustia y tragedia es perder a quien lo es todo para cada uno de nosotros, por eso mismo cuesta tanto aceptar el dolor en una cultura como la nuestra que considera a la muerte como tabú, que ni se habla de ella ni se asume con naturalidad, siempre hemos oído que nuestro modelo cultural no favorece la renovación de la persona o el volver a empezar, cuando en realidad, todo viene a ser como una obra de arte, no se ve igual de cerca que cuando tomas distancia.




Llegamos a este mundo para vivir la mayor parte del tiempo luchando por subsistir y en unas pocas décadas desaparecemos.  Durante los duelos integramos en nosotros el deseo de trascender con una esperanza que nos haga madurar el proceso.  Cuando alguien de la familia está mal todos a su alrededor también lo están.
Oscura es la vida de los que viven en los manicomios, en los hospitales, en los que están solos, en los que tienen heridas abiertas o en cualquier vida llena de un esfuerzo sobrehumano.  Sabemos que una opinión negativa puede doler, que no es más débil quien parece que lo es, y que nos es suficiente con unas horas de sueño calmado.
Este país navegando a la deriva y nosotros en la cuerda floja y sin red donde caer. Un país necesitado de políticos entregados, con ganas de trabajar  para llevar a buen término la educación pública, el transporte, el abastecimiento de agua potable, la defensa, la limpieza de las ciudades, las autopistas, los aeropuertos, la sanidad, las pensiones..., de todo esto y mucho más habla este libro, de supervivencia, de nacer, pelear, sufrir, reír, soñar, consumir, estudiar, reproducirse, empeñarse, ser productivo, caer exhausto, mantener el sistema, envejecer, enfermar y por último irse de este mundo.

Entre las acuarelas hay plumas de aves y hojas de árboles, flores, algunas fotos, hombres y mujeres desnudos y solos, tal cual llegamos al mundo, tal cual nos vamos de él.  Desnuda y visible aparece la muerte, de la misma forma que  llega la vejez,  de improviso y de frente, sin máscara ni escapatoria, por eso mientras nos asomamos a sus páginas, se nos recuerda la necesidad de nacer de nuevo, de tomar conciencia de que en algunos momentos de la vida, no son suficientes los valores en los que nos hemos basado, y es que decir adiós definitivamente, en cualquiera de sus formas, implica comenzar con nuevas señas de identidad, apartando otras estructuras que no servirán en adelante. No desconocemos que la experiencia ya no es un valor, que lo que importa hoy en día es ganar dinero, que el sexo está sobrevalorado, que a los mayores los despiden del trabajo, que a los jóvenes los contratan bajo pésimas condiciones, que las cosas no andan bien y hay que ajustarse, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, se nos acusa de que la culpa es solo nuestra.

Otro abandono es el cruce de frontera con rotundidad, en algunos momentos se derrumbará el paradigma de que con esfuerzo podemos conseguir cualquier cosa, en esta sociedad, positiva a ultranza que nos hace creer que con trabajo seremos dueños del mundo y nunca nos dice que gestionemos las ilusiones no cumplidas desde un lugar más interno que externo, ni nos advierte que no pasa nada si  no somos todopoderosos, al contrario estamos en una sociedad llena de exigencias. Transitamos por aquí entre batallas y ajetreos, pisando campos de minas, lo saben bien los que se han visto desahuciados, víctimas que han perdido la casa que compraron con ilusión.  Siempre tratamos de elegir la posibilidad más gozosa, buscando nuestra finalidad en la vida y buscando a Dios en una mirada, una estrella, una vasija de barro, una mariposa o en los cerezos en flor. Necesitamos mirar a los ojos, saber que la gente no cambia, aprender a ceder, gastar menos, disfrutar más, porque problemas los habrá y serán agujeros negros, embestidas que desgastarán nuestra mejor voluntad.

El nido vacío será la espera de una llamada previa a la visita, serán unos padres preparando la casa para hacerla más acogedora, será hacer la comida preferida, la cama por si quiere acostarse un rato, la bonita mesa y las bellas flores pero tal vez al acercarse la hora el hijo les llame avisando que otro plan se cruzó en su camino y que hoy no podrá acudir, y en esa decepción no hay ingratitud porque los hijos saben que haces mucho por ellos pero tienen que hacer su vida.

En cada página encontraremos referencias sobre el dinero, la literatura, el amor no correspondido, la libertad, la familia, la nostalgia, el silencio, sobre uno mismo, sobre la soledad, la entrega, la sonrisa, la mentira, las pesadillas, la bondad, la inteligencia, la infancia, el tiempo, la generosidad, la justicia universal, la gente maravillosa y también de saber que Dios debe andar por ahí, cuya ausencia es uno de los abandonos más difíciles de afrontar desde que llegamos al mundo berreando, ese Dios por el que juntamos las manitas desde niños a la hora de rezar, está en todas partes, nos protege, qué gran apoyo creer que hay algo detrás, que el libro no termina en la última página, todos ellos son temas con sobresaliente en la escuela del vivir.  Al fin, las pérdidas son las carencias y privaciones de aquel o aquello que se tenía, lo mismo que abandono es renuncia y olvido.


Un poema magnífico de Pedro Salinas "No quiero que te vayas" nos sobrecoge de tan hermoso, pero pasamos página para encontrarnos una poesía, esta vez de Benedetti "No te salves".  Fernando Pessoa nos viene a decir que todos tenemos dos vidas y nos habla del momento de la travesía.  Encontraremos frases, de Woody Allen, de Graham Greene y de Ernest Hemingway, textos maravillosos de Khalil Gibran sobre los hijos, algunas sentencias de Platón,  algún fragmento de una obra de Kafka, y una parte del monólogo de María Magdalena en Fuegos, escrito por Marguerite Yourcenar.


Este libro no es cualquier cosa, en él se escuchan los latidos, ha sido escrito como forma de identificar lo que te pasa en un momento importante, todo lo que contiene está en cercanía con uno mismo, es un libro bonito, intenso, íntimo y sincero, en el que no prevalece la amargura sino la gratitud por lo vivido, se ha puesto en él tanta alma, que esa es la parte esencial, el sentido de toda obra, la emoción, tal vez no fue escrito para que fueran palabras de aliento, porque despedirse para siempre, no tiene ayuda ni terapia, es la voz de la autora que sale de su interior para conectar con el corazón, allá donde la cabeza no alcanza a entender.  Cuando se escribe así, es así como se llega a expandir un pensamiento.  No es un libro de duelo propiamente, sino de reflexión y aprendizaje, hay un dolor que impulsa a crecer, tampoco es de autoayuda, aunque se plasma el sentir de otros muchos que lo vivirán de igual manera, esa concordancia de saber que todos sentimos parecido y pasamos por lo mismo, ayuda mucho a enfrentarse con la rabia de porqué el destino puede deparar momentos tan crueles, como una larga enfermedad, es un proceso que no admite censura a la hora de expresarse ni la sociedad debe poner corsé a dicha expresión, es más, tiene que haber y hasta cierto punto es bueno, tristeza por la pérdida de un ser valioso que se te escapa, con el que hubo complicidad, convivencia, vínculo e intimidad mucho antes de encarar la ausencia, de aceptar lo irreversible, de asumir el tránsito, serán momentos en los que se presentará un estado anímico determinado y variable en cada persona, aparecerá nuestra forma de ver el mundo y de estar en él, porque también está ese otro abandono de entregarte a alguien y ofrecerle toda tu vida y no recibir nada, sabes que eres buena persona, que ayudas, eres amable, das explicaciones, te adaptas, no discutes ni te enfadas te hagan lo que te hagan y como ella misma dice al final, después de la impotencia y la desesperación, un día vuelves a ser tú pero no a ser la misma, te llevas la escucha que ofreciste, la sonrisa que regalaste, el amor con que llenaste tu alma, te llevas lo que dejas y sabes que el viaje siempre merece la pena sobre todo porque al final, todos aprendemos a vivir tras las pérdidas, tras los desamores, tras los naufragios, tras los nidos vacíos, esos son los abandonos, las heridas con las que aprendemos a convivir mientras la vida sigue su curso, son separación, alejamiento, partida, experiencias que en un principio parecen confusas y el tiempo va esclareciendo, de modo que vamos a vislumbrar las cosas importantes de la vida y a separarlas de todo lo que no nos sirve para nada.
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Con la recomendación lectora de este buen libro, al que he querido dar espacio, me despido por vacaciones de todos los que pasáis por aquí con paciencia a leer lo que escribo de manera tan esporádica, intentaré responder a vuestros comentarios. Os lo agradezco mucho y espero que perdonéis mi poca intervención en vuestros blogs.  Que tengáis un verano estupendo, de descanso y con las actividades que más os agraden, que sean para todos unas felices vacaciones en las que nutrirse y conectar con el presente.

jueves, 3 de mayo de 2018

¡¡RECORDAD A ZARAGOZA!!


Aquí quiero mostraros la Recreación de los Sitios de Zaragoza, que se celebra todos los años por estas fechas, con un despliegue fidedigno de material, indumentaria y uniformes de la época, también podemos ver la actitud del pueblo y de las tropas. Afortunadamente esto sólo es una representación que no muestra la lastimosa y real visión, en su aspecto más penoso, de lo que es un conflicto bélico y una ciudad arruinada.


Canta una jota:  Aquel que quiera saber / lo que Zaragoza vale / que pregunte a los franceses /que los franceses lo saben.  

Hoy vengo con una entrada de un hecho histórico que durante la Guerra de la Independencia vio involucrada a mi ciudad, guerra que comenzó en verano de 1808 y que como todas, guardó sus secuelas profundas durante muchos años.  "La victoria da pena" es la última frase de la carta del Mariscal Lannes ante una Zaragoza desolada, carta que siempre me ha conmovido por venir de alguien que desde el otro lado, no cumplió lo prometido, pero si se mira bien, después de una contienda hasta la victoria es un fracaso. 


Llegaron hasta el Palacio de la  Aljafería, para ver esta representación, un buen número de franceses, lo sé porque conversan entre ellos a mi derecha, a mi izquierda hay niños zaragozanos que no se explican cómo en esta película en vivo y en directo, no hay heridos en camillas, muertos en las calles, vendajes ensangrentados y gritos de dolor, uno le pregunta al otro "¿Quién va ganando?" y el otro responde:  "Yo no sé quienes son los malos", mientras enfocamos la cámara y escuchamos la conversación infantil, nos evadimos de la gravedad de los acontecimientos pasados, estos niños tampoco saben que existe un barrio en Zaragoza con el nombre de Bombarda, una pieza de artillería


Este es el día de la capitulación, que fue aceptada aunque hay que decir que Zaragoza nunca se rindió, sino que se entregó a cambio de una serie de concesiones que después serían incumplidas.


Ya en su momento, Palafox aquel que propuso defender hasta la última tapia, se niega a negociar esa rendición con la famosa frase: "¡Después de muerto, hablaremos".  



Podemos ver en mis fotos: cañones y banderas, barricadas con sacos, artillería y fusiles, los trajes típicos aragoneses y las mujeres con la moda afrancesada.


Zaragoza era en aquellos días, la Florencia de España, modelo de urbanismo para otras ciudades, cuentan que los viajeros de la época se maravillaban y  después del desastre, no quedó nada de su encanto.  Tuvo que defenderse con gran valor del ataque francés, no se esperaban tal bravura por nuestra parte, ni se merecía  Zaragoza el gran sufrimiento de toda la población civil, la falta de víveres, las terribles condiciones higiénicas y el tifus.  Se dice que los franceses querían ocupar las villas agrícolas más ricas, para cobrar impuestos y abastecerse de los productos.  Otra versión nos cuenta que a los caciques no les interesaba que el gobierno francés llegara con su ilustración, su cultura europea y su modernidad, de darse esto, se acabaría el poder gobernar unos pocos a la gran mayoría.  


Sería largo enumerar a todos los personajes ilustres, de sobras conocidos dentro y fuera de Aragón, así como a los presbíteros Sas y Boggiero, sacados de su casa en plena noche, asesinados a bayonetazos y arrojados al río Ebro, o al Padre Consolación, asesinado y arrojado al Canal Imperial. Tampoco podemos olvidar el papel que representó la Madre Rafols, organizando un Hospital de 6000 enfermos, en aquellos días con varios brotes de peste, rescatando objetos artísticos, solicitando ayudas y víveres tanto a un bando como a otro, pero mientras ella junto con las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, congregación de la que fue cofundadora y superiora curaban a los enfermos, el Padre Juan Bonal pedía limosna por toda España para los afectados de la guerra.



En esta foto vemos la vestimenta de uso cotidiano y de días especiales.  Fue la época del vestido imperio y del romanticismo temprano.  Las mujeres con el pelo recogido y algún bucle.  Usaban camafeos, collares de perlas y querían parecerse a las esculturas griegas.



He leído que los franceses no llegaron a cumplir sus promesas de arrastrar a la Virgen del Pilar por las calles pero sí saquearon el tesoro del templo, los archivos de la Diputación y las pinturas de Goya de la iglesia de San Fernando, que todavía no han aparecido, con la guerra se perdieron en poco tiempo, conventos, palacios, casas solariegas, lo que no se rehabilitó se derruyó y quedó bajo escombros.  Entre minas, bombas, rapiña y fuego, es mucho lo que se perdió en el terreno artístico en los dos asedios de la ciudad, verdaderas joyas que demuestran la grandeza de nuestro antiguo Reino







Chicos muy jóvenes, gente de toda edad y condición, la mayoría con ropa de campesino, oficiales montados en mulas o burros, en definitiva una ciudadanía que al ejército francés le pareció pintoresca y de la cual llegaron a decir que había dado grandes apuros vencer a esa chusma.  El caso es que si hubo 50.000 muertos y la ciudad contaba con 46.000 zaragozanos, se entiende que el resto de los caídos fueron invasores y que en Zaragoza no quedó casi nadie, por tratarse de una lucha casa por casa y cuerpo a cuerpo, y no solo fueron soldados sino la población y la gente de los pueblos vecinos que llegaron para ayudar, hasta que un día la ciudad exhausta fue incapaz de seguir luchando.






 Zaragoza seguía encerrada en sus murallas, con calles de tierra, viviendas sin desagües, sin agua corriente, sin luz eléctrica que iluminara la ciudad. 



Jamás he visto encarnizamiento igual al que muestran nuestros enemigos en la defensa de esta plaza. Las mujeres se dejan matar delante de la brecha..... El sitio de Zaragoza no se parece en nada a nuestras anteriores guerras. Es una guerra que horroriza. La ciudad arde en estos momentos por cuatro puntos distintos, y llueven sobre ella las bombas a centenares, pero nada basta para intimidar a sus defensores ... ¡Qué guerra! ¡Qué hombres!..... ¡Verse obligado a matar a tantos valientes, o mejor a tantos furiosos! Esto es terrible. La victoria da pena.
Mariscal Jean Lannes






Las muertes se deben a la batalla en sí, a la falta de alimento y a las malas condiciones de vida, pudiendo ser tanto muertes de militares como de civiles, del propio país o de los países que intervienen.  Se produce una tensión permanente, hay desaparecidos y entre los motivos figuran los económicos, políticos o religiosos, las consecuencias ya las sabemos.



Un 27 de junio, por culpa de un cigarro, estalló el polvorín donde se almacenaban las municiones de la ciudad en el Seminario de San Carlos, causando graves daños al barrio de la Magdalena. 







Leyendo ética y filosofía política encuentro que se admite en todo ciudadano la defensa de su territorio. El hombre sigue respondiendo a la guerra con guerra y a la violencia con violencia.  Los personajes conocidos como pacifistas radicales, siempre han elegido por decisión personal, no tomar las armas bajo ninguna circunstancia, con el principio ético-religioso de un mandamiento que dice: "No matarás". En la historia hemos visto como nadie se ha arriesgado más a morir de forma violenta que un pacifista radical, de esa suerte no se han librado los más grandes.


Hoy en día se fomentan los patriotismos que trastornan a la gente como en una especie de enfermedad mental, lo mismo que sucedía con aquellas guerras poco tecnificadas, de los primeros pobladores de la Tierra.
Quizás sea cierto que la persona que no está en paz consigo misma, será una persona en guerra con el mundo entero y son las guerras las que expresan poderío nacional y sometimiento de un pueblo a otro, con un detonante que ha podido estar latente durante mucho tiempo, ya sea una postura política enfrentada, el interés por expandir los dominios, la rivalidad colonial entre estados, la consecución de un bien, un territorio, un legado, la presencia de una religión sobre otra, o la defensa de un credo.


En este caso, Napoleón se presentaba a sí mismo como amante de la paz, pero era un conquistador y un conquistador no puede pretender entrar en otro Estado y no encontrar oposición alguna, por eso no quedó otro remedio que aceptar la lucha y prepararse para ella, aunque no quede más relación afectiva que el odio, así como un bienestar  y progreso suprimidos.

Hemos de encontrar la manera de erradicar tanta ambición y tantas luchas en las sociedades y de tener convivencias menos conflictivas, considerando la paz como un asunto de gran interés, porque con la paz se hacen las paces y ella nos lleva a sentir el equilibrio interior y la buena avenencia.





Para pasar el Ebro, los franceses construyeron en una noche un puente con gruesas vigas; zapadores e ingenieros organizaban las minas subterráneas y las trincheras, volaron el monasterio renacentista de Santa Engracia e incendiaron el convento de San Francisco.

Es una utopía creer que si las civilizaciones mejoran, se acabará la destrucción, dice F. Fernández Buey en algún artículo muy interesante, y no le falta razón, cuando asegura que no es posible erradicar la guerra del panorama humano, y que la guerra es la continuación de la política por otros medios. 


Si las guerras no existieran en el hombre primaría el amor, la comprensión, el diálogo, la equidad, el respeto, la responsabilidad, la solidaridad, el perdón, la tolerancia y el sentido común, todas ellas son palabras ideales que si no se sienten ni practican, no erradican nada.  Es injusto que una nación intente atacar a otra, pero se admite moralmente la defensa propia, es más, aún hay algo más importante, el deber de procurar la paz y que ésta se extienda por toda la Tierra, así consideramos la guerra como la fuente de todos los males, como algo corrupto, egoísta e inaceptable, sin embargo, renunciar a entrar en conflicto, desgraciadamente no garantiza la paz indefinida.

No hay nada mejor que despertar en casa y descubrir que no hay bandos de disputa, que seguimos en familia, que la vida sigue viva, que no educaremos  para la venganza a ninguna generación, que la serenidad nos cubre y la paz no vuelve a ser como antes, porque nunca se perdió.

Hay que agradecer a quienes han escenificado estos actos de homenaje por toda la ciudad, con réplicas exactas y cuidando el mínimo detalle, porque rememorar estos episodios acaecidos en Zaragoza, es el fin de un estado de servidumbre, sinónimo de justicia, libertad pura y dignidad.

martes, 24 de abril de 2018

MI CUMPLEAÑOS. ¡FESTEJEMOS!





"La vida es incierta.  Coma primero el postre".  
Ernestine Ulmer
   

"La vida es una película que vuelve a empezar cada mañana al despertarnos". 
N. Gilbert



"Una fiesta sin pastel, es sólo una reunión". 
Julia Child


"La vida no se juzga por el tiempo, sino por los momentos especiales que vivimos"
Leonid S. Sukhorukov

El día 14 fue mi cumpleaños y quiero agradecer desde aquí el cariño de las personas que estuvieron a mi lado, y también a las que me han acompañado durante este año.  Era un día especial para mi y lo primero que hice fue desayunar mientras leía el poema de Saramago. Todos los mensajes que me llegan, vienen a decirme que no espere contar los años, pero sí hacer que los años cuenten. 



Comienzo el nuevo día con la fuerza de quien todo lo puede, agradezco de corazón haber nacido y tenido salud en los años vividos, deseo que mi espíritu se sienta invadido por grandes emociones, que pueda llevar amor allá donde vaya, explorando la vida y no perdiendo la conciencia del instante.








Hay que dar lo mejor de nosotros mismos y hay que vivir como si todo fuese un milagro.  



Todos quieren que este día esté lleno de mis buenos recuerdos del ayer, de la alegría del hoy y los sueños del mañana.




"Un amigo es alguien que conoce la canción de tu corazón y puede cantarla cuando a ti ya se te ha olvidado la letra"  

Julio Ramón Ribeyro


Dicen que los obsequios se reciben por algo, entonces recuerdo al respecto, la frase de Ruíz Zafón: "El mérito no es de quien recibe el regalo, los regalos se hacen por el gusto de quien regala".  



Bonita dedicatoria con palomas y flores, son el sello inconfundible de su autora, Ámbar.




Una gota de rocío sobre fondo violeta, es el poema que Julia González me dedica.

Hoy es catorce de Abril
día de tu cumpleaños,
te van pasando los años
de la forma más sutil.
Pero brilla tu perfil
que es luz del amanecer,
y en lo más puro del ser
que es vivir el día a día,
se vislumbra esa alegría
que Dios te otorgó al nacer.





Atiendo una llamada que me dice que hoy es un día recordable, y que me quedan muchos años todavía por celebrar, me lo dicen cuando aseguro que los años no perdonan, no obstante, estoy dispuesta a que el otoño sea una segunda primavera.
  



Nunca he pensado ansiosamente en el futuro ni deseo perder la salud para ganar lo material, me gusta saber a qué puerto me dirijo, y quiero vivir teniendo presente que la finitud puede estar a la vuelta de la esquina, y por eso, tal vez un hoy vale por dos mañanas.  No quiero cometer el error de no llegar hasta el final en todo lo que emprenda, seguiré tomando decisiones con el corazón, no es la única pero sí la mejor manera de acertar.




Un amigo me envía una velita y me dice que sople y pida lo que quiera, que en el soplo va aquello que ha de cumplirse, recuerdo lo que decía Albert Espinosa en uno de sus libros: "el soplo es la respiración del de dentro y tiene la fuerza para mover el universo, sin soplidos no hay deseos y sin deseos no hay felicidad".

Nos acomodamos en una mesa de forja blanca donde asoma la llama encendida dentro de un cuenco rojo, lo que mis ojos ven alrededor es una combinación de un estilo modernista que me resulta romántico.  Acercan la cubitera y el vino blanco, allí esperamos que el chef y su cocina francesa nos sorprenda.  Hemos salido a cenar, y vemos desde el coqueto restaurante acristalado, cómo bajan las aguas del río en su veloz y apabullante discurrir.










Tarjetas de felicitación que son agradables sorpresas llenas de bendiciones, abrazos y cariño especial.






Pongo en marcha la energía lentamente,  y para el almuerzo no faltan las copas, que según una cita famosa, atribuida a Bruce Lee "hay que vaciarlas para que puedan ser llenadas". 



Elijo la vajilla primaveral con los colores del buen tiempo, el mantel bordado en tonos pastel, en una bandeja vintage, presento la tarta Saint Honoré de profitelores y coloco en un jarrón las flores frescas, porque lo dijo Henri Matisse, "siempre hay flores para los que quieren verlas", 





Una vez decorada la mesa, ¡listos para comer!. Con las delicias expuestas, se nos abrió el apetito de inmediato, como se abre una flor. 




"Una flor se abre por su propio gozo".  
Oscar Wilde





"Amigos.  Nadie más.  El resto es selva".  
Jorge Guillén








"Dame seis cuerdas y seré feliz"  
B.B. King



¿Que cuántos años tengo?
-¡Qué importa eso!
¡Tengo la edad que quiero y siento!

La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.

Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido...
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!

¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo
otros "que estoy en el apogeo".
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,

para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:

¡Estás muy joven, no lo lograrás!...
¡Estás muy viejo, ya no podrás!...
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,

se empiezan a acariciar con los dedos, 
las ilusiones se convierten en esperanza.


Tengo los años en que el amor,

a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
y otras...es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..

¿Qué cuántos años tengo?

No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas....
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!

Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos.

¿Que cuántos años tengo?

¡Eso!...¿A quién le importa?

Tengo los años necesarios para perder ya el miedo

y hacer lo que quiero y siento!!
Qué importa cuántos años tengo,
o cuántos espero, si con los años que tengo,
¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!

JOSÉ SARAMAGO


Mi mesa de cumpleaños

Que todo luzca impecable, con organización, que no falten detalles, y si se tiene alma de cocinillas, hay que preparar algo especial, poner las mesas con mimo, de las que animan a larga conversación y ambiente del bueno.  
Nunca dejemos de valorar el sentir amoroso de cada reunión, en la que hay que relajarse, comer, hacerse fotos, hablar de casi todo, compartir sofá y guitarra, corear canciones y pasarlo bien, se trata de estirar las horas, de que haya brindis y que la risa y el buen humor sean los protagonistas de la fiesta que se celebra.








Me gustan las personas que dejan huellas, hoy pido por todas ellas, no ignoro que llegaron a mi como regalo del cielo,  deseo que tengamos la oportunidad de ser uno con el todo y para todos, con esa ley de buena acción expandiéndose. 
Os doy las gracias humildemente a todos mis compañeros de camino, a esas personas que transitan junto a mí y me acompañan con paz en el aquí y ahora.  Nada más, que ya es mucho.  Gracias infinitas.