A mis seguidores los busco con horas para vivir, no para matar las horas.

ERES LO QUE ESCRIBES

domingo, 21 de diciembre de 2014

NAVIDAD DEBAJO DEL CIELO


Decoración de mi mesa

MI REFLEXIÓN DE NAVIDAD

Si enumeramos todo lo que el ser humano necesita para vivir bien, se incluiría en ese listado de deseos tan lógicos y humanos, el amar y ser amado, la calidad de vida, que abarca una dignidad desde el nacer al morir, la satisfacción de las necesidades, el florecimiento de todos en armonía, el tiempo libre necesario para la contemplación, la prolongación indefinida de las culturas, hasta aquí son los mandamientos de los quechuas, en su lengua ancestral es lo llaman Sumak Kawsay, el "buen vivir" y hoy día siguen estando vigentes.  Yo añadiría otros tantos, una tierra más viva, un sabor como el de antes, un agua y un aire más limpios, un cine menos centrado en catástrofes naturales, un respeto a los animales, un freno al cambio climático, y al referirnos a la salud, tomaríamos medidas contra la mercantilización de las medicinas, crearíamos un trabajo menos mecánico y para todos accesible, trataríamos de lograr una enseñanza universal que acabara con la ignorancia y apostaríamos por un mundo con más gente interesada en el plano moral. A las antiguas aspiraciones he añadido mi propia propuesta en unos tiempos y en un mundo donde lo que no se abandona se aplaza por falta de tiempo, estamos en una sociedad cuyo remolino gira y grita lo bueno que es disfrutar de la vida a tope,  aunque eso no sea vivir de verdad ni alcanzar casi nada, hay un horizonte bastante negro para quien no puede obtener ni lo más básico y existen muchas desigualdades que ofenden.
Estamos en Navidad y la Navidad no sólo necesita jolgorio, también necesita silencio, sin él las cosas pasan de largo de nuestra vida, como jabón que resbala.  Lo pequeño, de tan simple se hace importante porque puede llenarnos y es más auténtico.
Todos necesitamos mejorar alguna parte de nuestra vida pero para sacar lo mejor de nosotros mismos hace falta la voluntad de querer y buscar cambio, tenemos que hacer algo más que vivir para trabajar y consumir sin medida, de sobras sabemos el valor relativo del dinero, ese estiércol del diablo que todo lo mancha. 

Un belén más de mi colección

El Niño se dejará encontrar por aquellos que lo buscan con el corazón abierto.  Seamos felices cuando tenemos aparentemente las condiciones para serlo. La felicidad también nos la dará pasar unos días de diálogo, de risa en los labios y amor en el corazón, y sobre todo, si sabemos huir de ese lucimiento exagerado que abunda en arrogancia y presunción, no olvidemos que la ostentación es un río que cuando se desborda, puede arrastrarnos con él. 


Luz y color en mi palmera


No es la primera vez que coloco un poema de un quijote de los pobres. 
Se titula:  COMADRE DE SUBURBIO.  De Pedro Casaldáliga. 



La cueva no tenía más higiene que el viento de la noche.
Dios tuvo un vecindario de pobres amahares. 
-Vallecas o Belén, Belén o Harlem, Belén o las favelas-. 
Tú tenías apenas las dos manos para alternar con ellas el pesebre.

Las ricas caravanas llegaban siempre a punto. 
Vosotros llegaríais con las puertas cerradas. 
No hubo piso en Belén, ni hubo piso en Egipto, 
y no hay piso en Madrid, para vosotros.


José estará de paro forzoso muchos días.
Después tendrá, por fin, unas chapuzas de esperanza en madera.
Quizás abrirá zanjas, sin subsidios.
Hebreos sospechosos en un barrio de Egipto acorralado, 
viviréis al contado de la suerte, como viven las aves. 

El Nilo gastará, día tras día, 
la piel y la hermosura de tus manos anónimas, 
sangre del rey David venida a menos. 
Y el Niño crecerá sin más escuelas que la lección del sol y tu palabra.



Vecina del pecado y la vergüenza, 
con el Verbo hecho carne que habita entre nosotros 
tú has instalado a Dios en el suburbio humano. 
Carmen, Dolores, Soledad, María: 
todos los nombres llevan la concha de bautismo de tu nombre.




Vives realquilada por la pena y el miedo, 
en un cuadro de tela reluciente o en un yeso pintado, 
o en la fe vergonzante de una estampa escondida en la cartera; 
y tu sola presencia rutinaria 
traspasa las miserias del suburbio del mundo 
con un hilo irrompible de alegría.

¡comadre de suburbio, 
ensanche de la Gracia, 
puerta y solar de la Ciudad Celeste!




Como todos los años, he preparado para la ocasión unos dulces, esta vez he hecho unos deliciosos coquitos de Navidad y unas galletas de jengibre.






Aquí las puse, en la bandeja del horno, colocadas como símbolo de un amor que creciendo, va de menos a más.




Y ahora me voy en busca de la emoción, escuchando unos villancicos  de un genio de la música, el magnífico violinista libanés Ara Malikian, (de su álbum Christmas mood)



No sin antes daros las gracias por estar ahí, acompañando y regalando lo mejor de vosotros. Esta mañana recibí unas tarjetas que decían: 

"te quiero mucho bonita zaragozana" 

"gracias por tu tarjeta dedicada con tanto amor, el mismo que yo he puesto en la que te envío a ti".

"Te envío el deseo de que disfrutes de unos días de paz en un mundo donde la capacidad del hombre para infligir dolor al prójimo, no parece disminuir".

"Benditas sean estas fiestas que nos unen. Que el hecho de no poder verte, no me impida llegar a ti".

Se agradecen los mensajes que tocan hondo, puede que no se vean pero se sienten, es amor real y sin adornos.
Yo también os deseo que la felicidad se extienda a todo vuestro entorno, que hayáis culminado unos proyectos e iniciéis los próximos con entusiasmo. Seguro que no faltará un recuerdo para los seres amados que ya no están y una mirada atrás a la Navidad de nuestra más tierna edad.
Bien quisiera prestaros, uno a uno y tranquilamente algo más de dedicación.
A TODOS, UNA NAVIDAD PRECIOSA.

domingo, 16 de noviembre de 2014

¡NO MÁS GUERRAS!

Ambas a la edad de 21 años

En estos momentos damos por concluida una entrada que hemos preparado Ámbar y yo para todos vosotros, cada una la hace dentro de su espacio y con su propio estilo. Puedo asegurar que ha llevado tiempo materializar la idea, llevar a cabo los desplazamientos, consultas, anotaciones, entrevistas anónimas, una labor periodística al fin o si lo queremos llamar, un trabajo de campo. Ha quedado a mitad de camino de lo que yo pretendía, la extensión era notable, eso sí, nos gustaría saber qué os ha parecido.
Quien venga a este blog no deje de visitar el de Ámbar, creemos que quedaría incompleto este post sobre Belchite. Allí vais a encontrar sus poemas, las fotos más antiguas de su pueblo y los recuerdos de su infancia.
ambaringles.blogspot.com.es

Hasta Belchite me desplacé con mi alma de reportera y mi cámara nueva para hacer fotos al pueblo nuevo y al viejo, si alguien las desea, no tiene nada más que decírmelo y se las facilitaré, no pongo mi nombre para que puedan disponer de ellas libremente.  Que circulen.  Todo es de todos.
Los poemas  que acompañan algunas de mis fotos son de mi querida amiga y también vuestra, Julie Sopetrán, de su libro "El agua que sangra", como ella misma ha dicho: "todavía existe el Amor como la luz de aquellos seres que se fueron y aún nos miran desde todos los ángulos, sin distancias y saben que es muy cierto el latido profundo que te dice, cuánto hay dentro de ti para otro ser humano".


Nota al lector: En el blog de Ámbar podéis leer en su poema que aparece la palabra celemeñas, dice mi padre que en Belchite se llaman celemeñas, ceremeñas o cermeñas a una fruta de poco tamaño, más pequeñas que las peras sanjuaneras, Ámbar me dice que son diminutas, parecidas a las azarollas. Mi madre asegura que ella las conoce como abugos.  Hecha esta aclaración.  Sigamos.
Esta foto la tomé el día 6 de Septiembre de 2014 desde las afueras, tras el cordón que impide el paso.  Recordemos que la guerra en Belchite tocó a su fin un 6 de Septiembre.  
Algo más que la casualidad de una fecha me ha traído hasta aquí.....

Volverás a tu casa porque allí está tu alma
pegada a las estrellas, a los libros, a la ventana de la cocina,
a los recuerdos de los recuerdos de los recuerdos.....

Julie Sopetrán


Al visitar Belchite, me alegra saber que este recinto ha sido concebido como espacio para la paz, lo cual significa que todos debemos rehabilitarnos como personas decentes que no hacen daño a nadie.

Foto de mis archivos.  Panel de azulejo polícromo de temática histórica.
Veo soldados, escudos y espadas ¿Tal vez preparados para la guerra?


Me adentro por los senderos llenándome de polvo, completamente sola, me encuentro  gigantescas chumberas y las huellas de mis zapatillas quedan marcadas en la fina arena de una zona poco o nada transitada.
Una vez dentro, busco la calle Bajada de Barrios donde Ámbar vivía, se desliza en pendiente cubierta de altas hierbas, los escombros se amontonan, compactos y macizos, no queda ni rastro de ella, así se lo hago saber.

El corazón se queda llorando entre las zarzas
y anochece en el sueño toda la primavera.
Se marchitan las flores aún sin haber nacido,
el frío de la tierra me penetra las manos,
y es en tu indiferencia donde ríe la muerte.
Hoy te anduve buscando por todos los rincones
y sólo encontré huellas de gorriones hambrientos....

Julie Sopetrán.


Aquí os muestro las Ruinas de  San Agustín.  He marcado con una flecha amarilla, la zona de la torre donde se encuentra clavado un obús de 7,5, todavía sigue apareciendo alguno cuando los agricultores labran sus campos, quienes lo encuentran, llaman a la Guardia Civil para que lo recojan. Esta iglesia de los Agustinos, tiene peligro de desprendimientos, por lo que no es conveniente pasear por ella.  Cuentan que los monjes que había durante la Guerra de la Independencia, murieron cuando incendiaron la iglesia.
Habría que añadir algo, las envidias entre vecinos y sospechas, hizo que, como decimos ahora, la cosa se fuera de madre, aquel lanzar piedras y esconder la mano sin reparar en las consecuencias de los actos, es un mal añadido a cualquier guerra, de por sí, complicada, cruel y con penosa repercusión social.


Estas son las Ruinas de San Martín de Tours, en ella hubo obispos y cardenales, tenía túneles que comunicaban con el Convento de San Rafael de las Dominicas y con el río Aguasvivas.

Me preocupa el silencio de los vivos, que no está hecho a base de olvido y buena digestión. Personalmente no quiero saber más de lo que sé, ya es bastante, quien me lea sólo encontrará en mis fotos el pasado visto desde hoy, la historia a flor de piel y un pueblo devorado que impresiona, también se ha dicho que es un lugar especial que no deja indiferente al visitante, no es que se pueda experimentar el drama de la contienda española, es que se palpa el infierno que un día el pueblo vivió, por poco intuitivo que se sea. Yo he querido viajar con mi conocimiento previo, buscando el escenario de mis raíces y escribiendo con causa, una causa que es no es política, sino la débil voz que desea decir algo por los que no pudieron hablar.

Ruinas de San Rafael.
Un señor de avanzada edad me dice: "Al acabar la contienda fue muy duro"
Yo le pregunto: "¿duro emocionalmente?"
Él me responde:  "No pocas familias se cruzaban en cualquier acera del pueblo con los que habían sido asesinos de los suyos"......


Poema de Alberti con unas fotos mías.

No hay nada intacto pero sabemos que ya no se construye como antes y estas casas que vieron pasar buena parte de la historia, acabarán desapareciendo tragadas por el tiempo, sin que las almas puedan escapar y sin que nosotros podamos comprender el motivo que lleva a los hombres a una lucha tan despiadada.


Te estoy viendo pasar por la calle de enfrente, allí donde no hay nadie que alimente ilusiones.  Las casas de madera se quejan de la edad.
Apenas se las oye, sólo si escuchas, sabes que son viejas
pero todavía tienen el color de las luces....
Julie Sopetrán
Ámbar y yo queremos apostar por una buena actitud de vida, evitando los detalles que conocemos de primera mano, no les importe no saber aquello que no es bueno, nosotras iremos desterrando una visión apocalíptica de lo sucedido, ciertamente lo fue, así me lo asegura una persona centenaria, que no vive en la localidad pero posee una mente lúcida.:  "otras batallas de mayor fama, fueron una broma comparada con ésta".
A nosotras nos interesa más la observación desde el respeto que la búsqueda de un por qué, o la afirmación de una verdad, no digo laberíntica, pero sí en la que una parte y otra tienen su responsabilidad.
La historia ha quedado escrita para que la leamos aquellos que no tuvimos la desgracia de vivir la tragedia en primera persona, por eso ese dice que hay que recordar lo que fuimos para entender lo que somos y evitar a ser posible, aquello en lo que los seres humanos nos podemos transformar un día.  No quisiera guardar para mi sola, el miedo a la fiera dormida, esa parte oscura que estando latente, la raza humana sabe ocultar, para resurgir brutalmente en el momento más inesperado.



















 
Las fotos que hice son: 

Detalle de la placa de una calle, 
Indicador del río Aguasvivas y del Pozo Los Chorros,
 Piedras del molino de aceite, 
Portal de una casa del pueblo
 y la Plaza del Ayuntamiento.


Estas fotos corresponden a: La Fuente de los peces, en la Plaza de S. Agustín, más popularmente conocida como Plaza de la Bola  y la nueva Iglesia de San Martín. 


BELCHITE, AYER Y HOY


Comenzamos.




Belchite cuyo significado es "tierra bella", fue condado desde que allá por el 1500 los Reyes Católicos crearan ese título nobiliario, nada he podido averiguar sobre el IV conde, un hombre de dudosa reputación, me lo cuentan como si posteriormente no hubiera habido nadie tan malvado.  


Estas casas están situadas en la Plaza de Goya, a la izquierda del Arco de la Villa, en el pueblo viejo, son las únicas que tienen propietario, pero en cuanto nos adentremos en el Arco, las viviendas fueron todas despropiadas y cuando se pasó al pueblo nuevo, primero fue un alquiler y posteriormente cada vecino tuvo que comprar su vivienda.
Belchite tenía tres entradas flanqueadas por capillas, los arcos eran mudéjares, como en todo pueblo que se precie, sus sitios defensivos evitaban la entrada de los bandidos.  Esas tres entradas eran:  El Arco de la Villa, el Arco de San Roque,  y el Arco de San Miguel, derruido éste último por el Ayuntamiento debido a que no podían pasar por él, los carros cargados de paja. El arco de San Ramón se situaba en el interior de la población y no era una entrada a la localidad.  La muralla la formaban las propias casas, unidas unas a otras, a modo de fortaleza, así fue el trazado de esta villa porticada.

Entrada principal a las Ruinas históricas. La puerta es muy reciente.

En la puerta podemos leer un cartel que anuncia con entrada libre, la proyección de un documental titulado: "una higuera sin hojas" (la promesa de Franco) del director Marc Welmuller




Son dos imágenes de la misma puerta. La entrada y la salida.  La entrada que da cabida a todos, la salida que nos envía a anunciar que la fraternidad es posible.  La frase ya la conocen. Es una jota que dice: "Pueblo viejo de Belchite, ya no te rondan zagales, ya no se escuchan las jotas, que cantaran nuestros padres".

El Convento de San Antón se ubicaba en la calle Mayor, allí se llevaban los animales a bendecir el día del santo.  Me cuentan que se criaba un lechón entre todos los vecinos del pueblo, el animal paseaba libremente por las calles y llevaba una campanilla al cuello, cuando sonaba indicaba que andaba cerca y se le podía dar de comer, el alguacil se encargaba de soltarlo cada mañana y recogerlo en el matadero al anochecer, cuando el animal había engordado lo suficiente se realizaba una rifa para ver quien se quedaba tan codiciado premio.
Yo conocí "La fuente del piojo", cuya agua procedía del pueblo de  Letux, pero no conocí "El Molino del tío Zenón" y sí he estado en alguna ocasión en El Cementerio; si nuestros mayores me dijeron no haber conocido otro, eso me lleva a creer que no debió existir ninguno anterior a la contienda.
Quiero visitar "Rusia", una barriada de Belchite construida posteriormente a la guerra, fue también una zona de concentración para los presos.  Hoy me desaniman con aquello de la distancia pero lo que consigue disuadirme no es su lejanía, sino saber que encontraré únicamente naves o barracones.  Todos los que vivían allí eran de izquierdas, excepto dos familias.  En otra ocasión iré con Ámbar a la capilla donde fue bautizada, cuyo nombre, "de los Desamparados", acabo de averiguar gracias a un despacho de arquitectos. El Calvario, es un montículo en la carretera de Belchite a Escatrón, allí se celebraban las procesiones de Semana Santa.

Belchite tenía siete fábricas de aceite funcionando a pleno rendimiento, siempre tuvo un buen aceite de oliva, en los trujales había toneladas de aceitunas de categoría superior, principalmente de empeltre, una variedad menos conocida en el resto de España, personalmente debo decir que las bolvinas son mi pasión. Más recientemente su calidad ha sido reconocida y premiada en numerosas ocasiones con la Denominación de Origen del Bajo Aragón. 
El olivar tiene una extensión de 11 km,  y en sus 700 hectáreas podemos encontrar  magníficos ejemplares de olivos centenarios.  En su actividad agrícola, junto con el cereal, también destaca el almendro.  Curiosamente, en otros tiempos, una rama de olivo colocada en la puerta de las casas significaba que en ella se vendía vino y no aceite.






Aceite y aceitunas en mi cocina






Poema de José Antonio Labordeta


Vean en esa foto tomada en mi balcón. Una mañana me di cuenta de la original forma. Hasta los cáctus me lanzan su mensaje pacífico al brotar con forma de corazón. 

 A la semana siguiente, un domingo de septiembre de brumosa mañana, durante el trayecto, vislumbro por la carretera, matojos, estepa, piedra caliza y campos sin labor.  Al llegar encontraré a un señor de más de 80 años que me mostrará algún secreto inconfesable y me dirá:
- “Detente mujer, hoy eres la elegida, pero si vas con prisa, no conseguirás admirar los más bellos aleros de la casa que tienes a tu espalda”.
Retrocedo para mirar y reconozco ante él que lleva razón, a la par que me invita a que haga una foto a “Villa Lucía”, con su magnífico torreón de esquina.  Al lado, me señala el Convento de las monjas y me muestra una foto del primitivo arco de la villa bajo un cartel de chapa que decía: Prohibida la blasfemia.
Callejeo con él, ambos con gran discreción… y nos despedimos con un fuerte apretón de manos y un sabio consejo que bien podría ser paternal.


“Loli, si tienes dudas, pregunta.  Si algo no te gusta, no lo discutas.  Calla, escucha y aprende”

Alzo la vista y en el cielo del pueblo viejo sobrevuelan buitres, no los distingo a tanta altura, bien podría ser cualquier otra rapaz.  En el nuevo, se ha posado ante mí, sobre una rama, una paloma blanca con sus alas abiertas.  Fue un momento que quedé quieta, conteniendo la respiración, tuve esa sensación que transmiten los mensajes que debemos decodificar, quizás para que seamos capaces de discernir el buen y mal agüero que representan cada uno, excepto que buitres veo muchos y la paloma está sola.  Que sea sin fundamento, el temor que nos acobarda, y que la calma de los pueblos divididos no sea aparente sino firmemente establecida y para siempre.


Restos de una pila bautismal de S. Martín de Tours.  En ella bautizaron a mi padre.  El mismo cura que sobrevivió a la guerra, comulgó a mi padre y casó a mis padres años más tarde en Zaragoza.



El Santuario del Pueyo
El santero tenía el sueldo de alguacil, vivía de los animales de corral y como trabajador, cuidando y limpiando el templo, así como de los donativos. 
En época más reciente, la talla de la Virgen del Pueyo desapareció, fue en la noche del 16 al 17 de agosto de 1985.


El Seminario. 
Cuando Zaragoza no tenía Seminario, estaba el de Belchite.  Mi padre me dijo que contaba con tantas ventanas como días tiene el año, la guía me corrobora que efectivamente así es.


Los camiones de Regiones Devastadas funcionaban con gasógeno, carbón vegetal procedente de Herrera de los Navarros, llevaban los depósitos a cada lado de la cabina, las apisonadoras funcionaban con carbón mineral, las ruedas eran de goma maciza y la ambulancia era el único medio de locomoción con gasolina. 
En Regiones Devastadas se aprendían todos los oficios: zapatero, electricista, fontanero, carpintero, albañil, herrero, mecánico, tapicero…, con los años el que tuvo un oficio marchó a la ciudad a trabajar.
Todavía hay quien recuerda que la carpintería de todo el pueblo en construcción pasó por aquellos talleres donde había buen número de aprendices y oficiales.

La Chama era una zona de huerta a 1 hora de camino, unos 4 Km., había un guarda pagado por los propietarios de los terrenos, cuentan que entonces el pueblo carecía de luz y la huerta también, allí se cultivaban todo tipo de hortalizas y se regaba a cubo desde los pozos de manantial, las fincas de más abajo, hacia Codo, sí disponían de agua.  Los de más edad saben que la porción de terreno se llamaba por su medida de superficie, hanegadas, cada hanega son algo más de 830 metros cuadrados.



La Estación constaba de un apeadero en el Pueyo, utilizado para las fiestas de romería a la que acudían de pueblos como La Puebla de Albortón, Valmadrid y Fuendetodos, dicho apeadero sólo funcionaba en esa fecha festiva, el primer martes después de Semana Santa, la festividad sigue siendo inamovible, la línea ferroviaria, sólo un recuerdo. 



Constaba la Estación de un edificio central, viviendas de los ferroviarios, el depósito de máquinas con una placa giratoria para el cambio de dirección, el aljibe con mangueras de las que tomaban agua las máquinas y junto al depósito, otras viviendas.  Recuerdo a pesar de mi corta edad y con exactitud cómo eran el despacho, la sala de espera de viajeros, el andén y los aseos (letrinas).
Hago estas fotos al muelle de la Estación, a día de hoy es lo único que queda


Hemos visto esta composición de fotos realizadas sin apenas cruzarme con nadie por las calles.  Es mediodía de un sábado de agosto, mientras escribo, un belchitano me asegura que el pueblo sigue siendo fantasma a cualquier hora, le escucho la confidencia y pienso que no todos sus moradores opinarán igual, en cualquier caso el día es suave y soleado, con un ligero viento y un cielo muy azul.
Abro mi libreta y comienzo a escribir la impresión que me causa, no encontrar lo que busco: 

La escalera se cubre de maleza, no veo el palomar pero escucho mi revoltosa voz infantil de aquellos días, llevaba un vestido muy corto, por encima de mis rodillas y peinaba dos hermosas coletas, mi cabello siempre fue abundante.
Esta mañana pregunto afligida por la casa de piedra. Puedo llegar sin la dirección después de varias décadas, no he perdido la orientación, mis ganas me llevan.  Hay una mujer que me mirará de soslayo y un hombre que me responderá con pena: "ya no existe, señora, ahora son mansiones de factura nueva".
Aquí ya no están las hojas y los frutos, ni el tronco que era el eje de nuestras vidas, por eso, nada puede atacar lo que quedó yermo, es piedra contra piedra, recuerdos que despojan de todo, desabrigan y hacen sentir frío.  Lo que queda es la nada.
Un sonido, para mi reconocido, se escucha a lo lejos, tenía yo siete años.....entonces también me preguntaba por quien doblan.  Me sobrecoge este campo de secano, malherido y me veo de niña escuchando las campanas, expectante, sobre el abismo de unas escaleras de tierra que suben a la casa por el atajo.  Sólo las campanas, después de tantos años, siguen sonando igual, cuando tocan a muerto, una suave música anuncia los óbitos por altavoz.
No diviso mi banco de hierro forjado ni mi acacia, primero frondosa, después abatida y seca, ni veo a mi tía-abuela lavando la colada, con su piel arrugada y su delantal de tela, vestida de gris, como visten las viejas.
Cuando mis pasos se alejan me vuelvo a mirar la tierra blanca, sé que por el carbón, un día fue negra y sé que este lugar, me dejó las vivencias que su desaparición me niega. No sé bien lo que pudieron escuchar en las tardes de áspero sol y chicharras para que jugaran a ese juego, los abuelos jamás contaban nada, pero en las horas de la siesta y con tremenda fantasía, los aviones volaban a ras de aquellas sábanas, las niñas se cubrían con ellas para ocultarse de un ataque imaginario y los niños jugando en el parque, no podían rescatarlas de una muerte inventada.

Cierro la libreta  con mis anotaciones y sigo caminando. 





El pueblo viejo tenía un cine, el cine Goya, con películas de cine mudo, posteriormente hicieron otro, en el pueblo nuevo, se llamaba Jesús Obrero, edificio regentado por un jesuita, D. Manuel Martínez, él daba conferencias y charlas a los 53 aprendices que había en total de todos los oficios.  Las películas eran en blanco y negro, las menos en color, hay quien recuerda la suspensión de la proyección de alguna de ellas por parte de la censura.  Me dice un señor: "Le voy a dar un título censurado y haga constar que nos devolvieron el dinero: “Siega verde”.
La curiosidad me lleva a buscar sobre ella y leo que se basada en la novela de José Virós y con intérpretes como Carlos Larrañaga, Rafael Bardem, Elvira Quintilla o Pepe Rubio.  La temática era el amor entre dos jóvenes de dos casas centenarias, la rica de los Can Pujalt y la ruinosa de Can Xanot, ella queda embarazada y se va del pueblo para no complicar la vida del heredero.  He comprobado en la red que efectivamente se censuró esa película, que hoy está en los Archivos de la Filmoteca de Cataluña y en el Museo de Pallars.

Las  monjas daban clases de pintura y enseñaban bordado y costura a las chicas jóvenes, algunas de aquellas monjas eran naturales de Belchite.  Otro señor me dice:  "escriba usted que las monjas, pase lo que pase, nunca abandonan el convento".

La Granja era un inmueble creado por la Sección Femenina para instruir a las mujeres.

Las Escuelas del pueblo viejo estaban situadas en el Ferial, llamado así porque allí se celebraba la feria de ganado.


Ante cualquier problema de salud se iba a casa del médico D. Joaquín Sancho Gargallo, gran cazador, nacido en Estercuel de Cabra, D. Antonio Ariza, era otro buen médico y también D. Leopoldo, quien debió ser alérgico a una medicación y al inyectarse, lo encontraron muerto.  Regiones Devastadas tenía ambulatorio cerca del cuartel de la Guardia civil, junto a la carretera.
Y hablando de grandes cazadores, se podía cazar con licencia pero sin restricción, no había cotos, a esto se le suma que en los tres años que duró la guerra los montes aumentaron de abundante caza por todo el término.

Un día volaron el puente de La Puebla, de modo que el tren sólo llegaba hasta allí.  Poco antes de comenzar la contienda, hubo que desalojar la casilla de Valmadrid, allí estaba la mujer del ferroviario y sus tres niños pequeños.  Las casillas servían durante las obras de construcción de las estaciones de tren.  Estaban en casa cuando apareció un jeep militar y les dijeron que recogieran sus pertenencias y desalojaran todo, ya que la necesitaban para puesto de mando.  Así me lo cuenta, uno de aquellos niños, hoy entrado en años.





Sorprender es el verbo que te vendrá a la cabeza cuando veas este lugar con la imaginación puesta en lo que debió de ser en otro tiempo, en lo que por inalcanzable debería ser hoy y porque la paz siempre ha sido una propuesta de plena actualidad, por eso he decidido emprender un recorrido informativo.  

Es una buena idea acercarse cuando el sol comienza a descender matizando esta población que un día fue avasallada por los hombres, hoy intentaré abrir senda a lo que quedó de ella, y lo que queda, consigue ponerme en situación.  Los que nos preceden aseguran que apenas se escucha ruido, que los pasos se hacen prácticamente inapreciables.





Al mirar esta fachada abro mi libreta y escribo:  Pero un día, cuando el sol avanzaba loco de contento, crujió el cielo y se rompió.  Un destello iluminó la noche y el muro se quedó al desnudo. 

Si las paredes hablaran..... y las paredes van hablando.


 Al leerlas, busco la definición de honor:  Principios que gobiernan una comunidad basados en ideales que definen lo que constituye un comportamiento honorable.  Mérito de un antepasado, fundamentalmente por servicios militares.  Cualidad moral vinculada al deber, la virtud, el mérito y el heroísmo.


"Caído por la calle te vi desde mi casa,
bajé las escaleras para cuidar tu herida,
tu sangre era mi sangre, tu vida era mi vida,
pero sólo mis manos fueron alcohol y gasa...

Llanto, sudor, caricias...como un viento que pasa
y deja en la memoria la llama presentida;
el amor de un instante que ya jamás se olvida,
sin escala y sin tiempo, sin moneda y sin tasa.

Seguiste tu camino porque era necesario
me miraste de frente, comprendí tu amargura
y me quedé a la orilla con el dolor y el hambre

de curar tus heridas, de subir tu calvario,
de embalsamar tu aliento dentro de mi dulzura
y recoger al paso...las flores de tu sangre."

Julie Sopetrán



Reconozco que no siento la curiosidad de otros visitantes venidos de tan lejos, ya que mis pies infantiles pisaron este suelo mucho antes de que yo comprendiera lo que era una guerra tan devastadora.  


La población contaba con mil doscientos edificios, cuatro iglesias, un teatro, un Casino, un Santuario y un Seminario Menor, además de un Hospital, una fábrica de calzado, una librería, dos zapaterías y un practicante que era el barbero, propietario de una de ellas. Las tres farmacias más importantes eran las de Ansón, Marín y Muniesa. En la de Marín, había un auxiliar que preparaba por encargo pinturas para pintar las paredes.
En la Capilla de San Antón, se hacían las autopsias a los cadáveres y se velaba a los difuntos. Al Casino accedía únicamente la gente de alta posición, los pudientes se jugaban grandes sumas de dinero, acudían los más destacados de toda la comarca y no estaba permitida la entrada a cualquiera.  Hubo quien se llegó a jugar toda su hacienda.  Con esto nos podemos hacer una idea de que no se trataba de un pueblo cualquiera.
La Calle Mayor era la más ancha, las demás eran callejuelas, alguna de ellas sin salida.  Las casas eran típicamente aragonesas, en la planta calle estaba el patio, la despensa, la cocina, etc., las habitaciones en la parte superior y en lo más alto, los graneros.  El material de las fachadas que podemos ver es en unas casas el ladrillo, en otras el adobe, sin olvidar los maderos y cañizos.
Como en cualquier pueblo, había familias adineradas y braceros.  Conforme nos adentramos en la calle principal vemos la Casa Domi la cual pertenecía a Dominica Fanlo, una mujer muy rica, era la única casa del pueblo que tenía agua, cañerías, persianas, azulejos, y otras comodidades no disponibles para el resto de la población.  Todo el mundo sabe que cuando se casó con un hombre muy rico del pueblo de Lécera, por la carretera, donde acababan las propiedades de ella, comenzaban las de él, uniéndose ambas en kilómetros y kilómetros.  Llegados a este punto hay alguien del pueblo que me asegura que no era de Lécera sino de Mas de las Matas (Teruel), en cualquier caso la procedencia es lo de menos y su fortuna también.



A través de mis ojos se suceden escenas, algo borrosas unas y muy nítidas otras, era una tierra llana, extensa y por su calidad, asombrosamente fértil si hubiera sido regadío.  Cómo olvidar aquellas peras de Don Guindo que tenían mis abuelos, en exceso sensibles a las plagas, golpes y heladas, aún recuerdo el sabor que convierte mi boca en agua. 

....Te hablo de libertad, de caminos abiertos, de sentimientos puros.
Te hablo de romper las fronteras interiores que son las más penosas.
Los pies se tuercen siempre a los extremos y nos hacen caer en zanjas.

Julie Sopetrán



Sigo escribiendo ante la fuente sin caños, donde la hierba no se amilana al crecer:  La parte superior de la fuente ha desaparecido, un caso más del expolio sufrido, era el punto de encuentro entre mozos y mozas, cuánto sabrá de amores y citas, de besos y caricias. Me parece escuchar el rumor del líquido y las risas femeninas. No es difícil imaginarla generosa en agua,  junto a un denso número de botijos y cántaros.


Mi padre era de izquierdas, mi madre de derechas. Yo soy diestra y siniestra, escucho al corazón que también es lo opuesto.....
¿Y sabes qué?.  Quiero algo distinto. 
Tengo sed, mucha sed de algo distinto, que me aparte del odio y que me haga olvidar tantos rencores inapropiados, tristes, injustos. 
Quiero un mundo mejor desde mí misma...
Julie Sopetrán.




En la imagen de arriba, la fosa común o trujal de los Caídos, en él hay 80 personas más un columbario con las cenizas que alguien depositó más recientemente.  De todos ellos solamente dos fueron llevados al Valle de los Caídos.  Allí hay una inscripción rota y lo que queda de la placa no permite saber que decía así:  
"Hay un blanco trono en el cielo, por cada noche negra en la tierra".  


"...Ya sabemos que los poetas de izquierdas se quedaron sin corazón y los poetas de derechas se quedaron sin hígado.
Todos eran hermanos, pero no lo sabían hasta que no murieron por las patrias. 
¿Sabes? Leo a los dos para entenderlos. 
Busco el agua fresca que me saque de esa guerra civil inaguantable."

Julie Sopetrán.

Muchas veces, quedé sin aliento escuchando hablar de la tragedia y sus protagonistas, mientras los estudiosos ya habían hecho análisis detallados de las circunstancias.  En esta ocasión, me siento al lado de algún desconocido en las horas de estío, para que me relaten los hechos, con sus dramáticas consecuencias, oigo de todo, me interesan los testimonios de los hombres que tuvieron que vivir una niñez en una guerra y posguerra que asustaba.  
- "Mire usted, en la postguerra los niños asaltaban los camiones repletos de sacos de naranjas, el hambre contribuía a ingeniarse en una nueva picaresca, así es como los pequeños, subían al remolque y soltaban el nudo hasta que las naranjas rodaban por el suelo, los camioneros, para nada ajenos a las idas y venidas de los niños, procuraban ignorar el asalto haciendo una obra de caridad....."

Un belchitano me va narrando muy despacio lo que vio. Al hablarme del estraperlo sonríe de algunas cosas, hace una mueca de otras, asiente con la cabeza cuando yo intervengo y habla sin apasionamiento ni cerrazón, como sólo saben hablar los que no pretenden hacer juicios de episodios tan complejos, dolorosos e inexplicables. Los hay que no quieren decir nada, bien porque no recuerdan o porque no son del pueblo, los hay que tratan de arrimarme a su ideal, sin que yo me haya pronunciado....


Hoy me duele la vida como si fuera muerte.
La sangre de lo injusto me corroe los sueños.
Mujeres maltratadas, niños al sol del hambre.
La guerra que no quiero.  La noticia me sangra.
Y es como si las horas se llenaran de barro.
Avalancha de intrigas, sucios aconteceres.
Que en el rincón del alma susurran el silencio.
El solitario grito.  La impotencia sagrada
de saber lo que pasa sin que nadie te escuche....

Julie Sopetrán


Sigo los pasos de una persona que quiere depositar una ofrenda sobre la fuente.

Las discrepancias que oímos entre los puntos de vista de unos y otros no hacen sino poner en evidencia la imposibilidad de ponerse totalmente de acuerdo, no esperamos nuevos libros que analicen aquel acontecer que va quedando lejano.  Bajo el suelo que hoy pisamos yacen personas de toda edad y condición, muchos niños cayeron sin más, también se han ido los responsables de crímenes muy graves, al final del camino hay una muerte que nos iguala y es que las guerras siempre tienen una espiral maléfica en la que nadie rinde cuentas y en las que a veces se relativizan o se justifican ciertos hechos.


"Soy mujer de postguerra. Vi luchar a mi abuela por sus nueve hijos.
Recuerdo su inocencia.  Ese sabio sentir que es saber hacer el mundo de la nada.
Viuda.  Sin más y todo, todo en el campo a renta y sin zapatos.
¿Y acaso los políticos de alguno u otro lado vinieron a ayudarla?
Fue ella desde su leche de sudores, desde su savia de trabajo
la que impulsó la casa hacia otros rumbos que no vienen a cuento.
Y sabía cantar y aderezarnos el mendrugo de pan mojado en vino con azúcar..."

Julie Sopetrán

Nota:  En Guadalajara y en Aragón, el pan con vino y azúcar recibe el nombre de sopeta.


La última vez que visité el Pueblo viejo, compartí escenario con un joven mochilero, un anciano que me dijo haberse criado allí, un grupo de gente madura con un perro que ladraba sin motivo aparente, bebés en brazos de sus madres, un excombatiente venido de Francia con su hijos y nietos, dos soldados profesionales, una pareja de adolescentes rubios, de Alemania y niños que entraban y miraban con la curiosidad convertida en un juego de buenos y malos, disparando imaginariamente un cañón, el que preside la puerta de la entrada principal (véase abajo en color verde)

Verán que en la imagen de la derecha, hay una pequeña ventana, desde ella se divisa toda la Calle Mayor.  En la guerra fue punto de mira para los francotiradores, que desde allí, disparaban a todo aquel que pasaba por la calle.
A la izquierda vemos la acequia Becú, un día cortaron el agua para utilizarla de trinchera, dicen que cuando dieron agua a la población, bajaba teñida del rojo


Escucho con atención que era tal la cantidad de escombros que no se pudo atravesar la puerta de San Agustín, había que asirse a los balcones para poder caminar, les aseguro que la altura de los balcones es considerable. Trece días duró una batalla constante que no cesaba ni de día ni de noche, la gente permanecía recluida en bodegas, túneles y cuevas, sólo se oía el murmullo de las mujeres rezando el rosario y las voces de los heridos pidiendo auxilio. 



Recuerdo aquella ocasión en la que el cicerone era mi padre, quien con su dedo apuntaba aquí o allá para mostrarme los detalles de un trazado de líneas irregulares, el papel pintado del interior de las casas ricas, el nombre de sus moradores, a unos los conocí en persona, a otros sólo de oídas, hombres y mujeres, aspectos cotidianos, apodos, anécdotas y parajes, caminando entre altos y bajos, en pie o caídos, una puerta, un pedazo de pared, un torreón, todo unido en el mismo lienzo bajo los 75 años que han transcurrido, ¡qué veloz pasa la vida!, al fondo se encuentra la torre, el vestigio más sobresaliente.


La Cruz en forja fue realizada por los presos republicanos.  Mari Cruz es el nombre de buen número de mujeres belchitanas, celebra  su fiesta el 14 de Septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz.  Otro nombre de mujer en la localidad es María del Pueyo, en honor a la Virgen del Santuario. A la derecha La Torre del Reloj, fue sinagoga judía pero al ser expulsados los judíos pasó a ser la Iglesia de San Juan.

Siempre hay un rincón para detenerse, y un monumento para maravillarse puesto que la vida sometió a Belchite a una invasión, interrumpiendo con su acción beligerante todo el poso de las culturas que por él pasaron, cortando de raíz la impresionante arquitectura de sus monumentos. Hoy no es éste el deseo de los que van a Belchite Viejo para no poder ver nada más que la demolición  de una villa rústica y entrañable, cuyos restos pretenden recordarnos la riqueza del pasado que no volverá.


Al mirar a este edificio, la casa Domi, escribo lo siguiente:  De la ventana abierta al cielo se levanta una higuera reverdecida, y me hace preguntarme de dónde se alimenta, de dónde se nutren los hijos que cuelgan de sus ramas. Al abrir un higo, tan intensamente rojo, se me ha quitado el hambre. Pensarlo me estremece. 
Te dejaron con vida, contigo no pudieron. 

Y esta fachada agrietada me inspira otro pensamiento:  Quién se asomaría ayer mismo, a este balcón hoy tapiado a cal y canto, la vida, con todos sus intervalos, entre espera y espera, nos va dejando a todos como a cantos rodados pulidos a la fuerza.  


Poema de Miguel Hernández


Ámbar y yo convertiremos este paseo en un alma de canciones alegres porque sin duda, aquí hubo amantes que se susurraron palabras de amor y antes de la noche más oscura, noches con otro sabor, sabemos que el precio pagado fue muy alto, no se pudo evitar el sufrimiento de aquellas personas y familias que llevaban una vida normal de casa y trabajo, cuando en aquel mes de agosto comenzaron a morir unos con previo aviso, otros sin él y muchos de pena.

En cuestión de segundos, al atravesar la puerta del Pueblo Viejo, Belchite representará a todo un país, a todas las naciones en guerra, guerra que convierte el mundo en un lugar lúgubre.  Con esta visita y aunque estamos demasiado cerca del campo de batalla, vamos a despojarnos de los delirios.

Aquí hubo excedente de munición, están dañadas las esquinas de las calles, las fachadas, todo es nada, es la demostración palpable que habita en cada mirador destrozado, en cada agujero, en cada terraplén de esta tierra resurgida a la que se viene y se va, cuando se quiere y se puede, como acabo de hacer yo, con la intención de aprender la forma de vivir la vida y no perderla.

Aprovechemos el alba y con ella el entendimiento.