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domingo, 18 de enero de 2009

MERCADO MEDIEVAL DE LAS TRES CULTURAS

Tras la conquista árabe, Zaragoza era conocida como Medina Albaida "la ciudad blanca", los judíos desempeñaron cargos importantes en la administración, vivían en barrios aparte llamados juderías, constituyendo un verdadero municipio dentro de la ciudad, durante la invasión musulmana continuaron viviendo tranquilos aunque siempre mal vistos por el odio tradicional, odio que se manifestaba durante las fiestas cristianas de la Semana Santa, en la cual debían permanecer encerrados en sus casas, en barrios cerrados y guardados por autoridades para evitar asaltos. No es justo atribuir a los judíos la práctica de la usura pues los cristianos competían con ellos en estos negocios, muchos se convirtieron sin convicción y continuaron sus prácticas.


Nobles de abolengo sin fortuna emparentaban con familias de ricos judíos. Cuando se decretó su expulsión no pudieron llevarse ni bienes muebles ni metales preciosos o monedas y tuvieron que vender sus propiedades a toda prisa, cada uno tenía su ley, su religión, su iglesia, su sinagoga y su mezquita. Los moros no hablaron nunca el árabe sino el castellano escrito en caracteres arábigos y los judíos hablaban entre sí y escribían hebraico. Eran en su mayoría prestamistas, comerciantes y médicos. Los árabes se dedicaban más a la agricultura. La convivencia era pacífica aunque quedaba prohibido el matrimonio entre individuos de ambas religiones.













El mercado medieval de las tres culturas se celebra en Zaragoza desde hace diez años a finales de Septiembre, en la zona de La Seo y Plaza de San Bruno, está organizado por el Ayuntamiento en su área de participación ciudadana, en él se reúnen artesanos, puestos de alimentación y artísticos, estando presentes las culturas árabe, judía y cristiana, los puestos, más de cien, están cubiertos y decorados, acordes con la ambientación de la época medieval. Con él se pretende mostrar la historia de las civilizaciones que construyeron Zaragoza.





Según cambias de calle, se alterna de cultura, a veces cruzando algún arco medieval, se cambia el olor o el sonido, olor a especias y comidas de kebab por la zona árabe, venta de telares y alfombras, así hasta la calle don Jaime. Quizá esta sea la cultura más marcada. Las otras se mezclan entre los puestos de comida, abalorios, dulces. Entre medio pasa alguna procesión de saltimbanquis o músicos mientras repican las campanas.





En él se pueden ver tejedores, orfebres, escribanos, repujadores de cuero y metales, ceramistas, cestería, talla de madera, jabones, vidrio soplado, confección de trajes regionales, juguetería, zapateros, encuadernadores, miniaturistas y grabadores; en cuanto a la alimentación (quesos, embutidos, miel, mermeladas, salazones, patés, repostería, especias, aceitunas, frutos secos y una amplia variedad de pan, además hay tabernas medievales y haimas así como actividades lúdicas con exhibiciones de cetrería, muestra de oficios con herramientas tradicionales como las tejedoras o el destilado de esencias, también hay dulzaineros, trovadores, farsas, cuentacuentos, teatro y fakires. Sin duda es una mirada retrospectiva a siglos pasados de buena convivencia entre todos, cada uno con su espacio físico y con sus características.






La Inquisición, seguida de la expulsión de los judíos, de la posterior huida de los inseguros conversos judíos (cristianos nuevos) y, por último, de la expulsión de los musulmanes conversos (moriscos), le dio a la península la apariencia de una población étnicamente homogénea. La Inquisición con su unificación religiosa no aporta a la represión ni más ni menos rigor ni escrúpulos que los acostumbrados. Las conversiones nuevas producen sospechosos y poco resignados. Los frailes, más próximos al pueblo empujan a la conversión en masa.





Este mercado medieval se considera un evento cultural-educativo remontado al siglo XII, es una iniciativa de ética-política que procura la enseñanza de las tres culturas que hoy seguimos viviendo y envía un mensaje del pasado al presente de cómo convivir con nuestros vecinos.





















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