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domingo, 17 de febrero de 2013

MI MEMORIA HISTÓRICA (II PARTE)



 (Entrada reeditada.  En su día la página sólo se vio una vez y tuvo 0 comentarios)


Mi abuelo materno era viudo y huérfano desde aquel día en que entraron al pueblo hombres armados, a lo largo de su vida fueron muchos los momentos en que silenciosamente le resbalaba una lágrima y sin decir palabra lloraba la muerte de los tres seres queridos que la guerra se llevó.

Este no es un pueblo bien trazado y moderno, no hay fuente con surtidores en piedra tallada, ni estaba mi perro a quien curarle las patas cuando se clavaba una astilla, ahora vivía con mi familia materna y ya no eran olivos sino tierra de buenos vinos, allí teníamos gatos mansos y hogareños que comían legumbres como nosotros y mulos que daban coces en la puerta de la cuadra.
En invierno me entretenía haciendo punto de cruz o pintando con acuarelas las casas del pueblo, todas ellas tan ligadas íntimamente con las del vecino. La vida me parecía entonces que transcurría con la lentitud de los pequeños lugares en los que todo aparece envuelto en la rutina y la calma, tenía yo muy pocos años.
En verano era otra cosa, formábamos un grupo de unos veinte niños, algunos vivían en el pueblo pero cada vez eran menos, coincidió con la época que se emigraba a la ciudad y los pueblos quedaron muy reducidos de población, la mayoría volvíamos cada año al veraneo. Un año vinieron a decirme que nuestra amiga Anita había fallecido por una leucemia, yo no creía que una niña tan pequeña como yo pudiera morirse sin ser vieja así que me fui pesarosa a preguntar en casa qué enfermedad tan extraña era esa en que la sangre se volvía agua.
Disfrutábamos adentrándonos en los montones de cereales que apilados en los graneros cubrían nuestros cuerpos infantiles, al mover el trigo se levantaba una intensa polvareda que nos hacía toser. Nos gustaba salir con la merienda a coger moras en las zarzas o a atrapar renacuajos que entre pan de ranas se formaban en las aguas del abrevadero.
Al mediodía, antes de la comida, cuando no había sombras en torno al carrascal, acudíamos a bañarnos al río, junto al puente y para que el agua nos cubriera hacíamos pozas colocando piedras en el remanso; muy cerca estaba el huerto de mi abuelo que era regado con el agua del pozo que manaba en su interior. Todavía no he abandonado el ritual de quitar el mango a los tomates para aspirar el olor más fascinante del mundo. Los niños nos metíamos entre la ropa, con risas y por la espalda, las bayas rojas del escaramujo las cuales picaban como ortigas. También frotábamos las piedras sílex hasta que salían chispas, unos le llamaban pizarra y otros pedernal. A la hora del almuerzo mi abuelo nos preparaba queso frito, leche de cabra y migas con uvas.
A veces subíamos hasta el nogal pero dada la dificultad del terreno más de uno con algún rasguño en las piernas y la ropa descosida, resbalábamos ladera abajo y vuelta a ascender.



Años atrás tuvo horno, hoy rehabilitado y fuente de dos caños que actualmente ha pasado a ser de uno. Este pequeño pueblo, tuvo baile de guitarra los domingos, banda de música contratada de fuera para las fiestas mayores y una cooperativa de alimentación construida por los socios; durante mi infancia, un par de tiendas cubrían nuestras necesidades y el teleclub era el salón social.
Numerosos arroyos nutrían las cunetas y yo iba y venía a la fuente con los botijos hasta llenar la tinaja de donde nos abastecíamos.
Mi madre me enseñaba las neveras, profundas excavaciones que rellenaban de nieve y paja durante los crudos inviernos y que luego ayudaban en verano a conservar los alimentos por este procedimiento tan rudimentario como eficaz.
A “La Canaleta” iban las mozas de la edad de mi madre a recoger el agua que bajaba del monte pura y cristalina, ya no para beber pero sí para lavarse el cutis con la creencia de que no había nada mejor para el rostro de una joven en edad de merecer.
Un año mi padre hizo un columpio en el patio de la casa, de asiento muy resistente, remató las esquinas y mi patio se llenaba de niños a cualquier hora. En alguna ocasión metíamos en un bote hormigas de ala y acompañaba a mi padre a cazar pajarillos.
Por las tardes nos reuníamos toda la chiquillería e íbamos a las eras, sentados en la silla sobre el trillo, dando vueltas bajo el sol abrasador, dirigíamos a las mulas en su lenta parsimonia y nos tirábamos en marcha.
El lavadero público con su tejado en vertiente y las ventanas al este permanece tal cual; las mujeres con sus baldes cargados de ropa buscaban el mejor puesto y la mejor losa para frotar, enjabonar y aclarar la ropa, cuando de niña yo pululaba por allí, siempre había alguien que me preguntaba de quien era yo, la niña de los ojos verdes, para sorpresa mía algunas decían ser mis tías, como en esos parentescos lejanos que surgen en los pueblos y que a mí me parecían de dudosa fiabilidad.
Los pueblos se alimentan de rumores, de lo que se dice, de lo que se exagera, se cuentan historias, en las casas o en el bar, ya se sabe......se da un repaso a lo público, a lo privado, a lo que ocurrió y a lo que está por venir.
Desde mi casa puedo ver al completo, la fachada de la iglesia de Santiago el Mayor y también la ermita situada en la colina, ella resguarda entre montañas el pueblo donde ya vivían mis tatarabuelos José y María.
Las fiestas populares coinciden con los santos patronos simultaneándose los actos religiosos y profanos, se llena todo el pueblo de bullicio y alboroto, por eso llamarse Blas, Roque, Nieves o Clemente son nombres todos ellos que abundan entre sus habitantes.



Mi abuelo me contaba que papá pagó “la manta”, la cual consistía en que si una moza del pueblo se buscaba un novio de otro lugar, los chicos del pueblo le hacían pagar una cantidad de dinero para costear la merienda, era la forma en que los desconocidos entraran a formar parte de la sociedad del pueblo de la novia.
La matanza del cerdo era un acontecimiento para mi, solía coincidir con mis vacaciones escolares de Navidad, realizándose en casi todas las casas mientras preparaban otros animales a los que había que criar para el año siguiente; padres, hijos, familiares... ayudaban a capolar y envasar en un trabajo en común hecho a conciencia que daba exquisitos adobos y embutidos. Me hacían partícipe de ella comprándome un delantal prometiéndome que ayudaría a elaborar bolas y morcillas y les hacia mucha gracia que yo con seis años me proclamara la jefa de la cocina. Mi abuelo me cantaba canciones al calor de la lumbre, mientras el resto de la familia preparaban la carne y las especias, a veces el calor me adormecía en la cadiera y otras mi abuelo me sentaba sobre sus piernas y anticipándose al futuro me cantaba una copla que decía así:
“Asómate a la ventana
ojitos de retrechera,
no te faltarán galanes
aunque seas forastera”.

Cuando los recuerdos volvían a él.... yo le preguntaba: "¿abuelo estás llorando?"
y él me respondía: "no, me ha entrado un mosquito en el ojo"
Y es que los adultos se ven obligados a mentir cuando los niños hacen ciertas preguntas pero mientras yo trataba de ver el mosquito inexistente de sus ojos, mi abuelo para hacerme rabiar le cambiaba la letra a la copla y me cantaba:
"Asómate a la ventana
cara de sartén roñosa,
que eres más fea que un diablo
y te tienes por hermosa."

42 comentarios:

  1. Loli Interesante Post gracias por su visita
    Feliz domingo
    Saludos

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    1. Hola José Ramón, se pueden sacar muchas lecturas, que las situaciones difíciles tienen que dar paso a una vida de normalidad, que no es posible seguir manteniendo la inocencia, que nuestra dinámica actual va barriendo cosas entrañables y que hay que seguir cultivando lo verdaderamente humano.
      Feliz domingo. Un abrazo

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  2. Hola Loli, he disfrutado muchísimo estos recuerdos que has querido compartir. También me han llevado a mí al pueblo de mi madre, allí presencié la matanza, como tú, monté en mulas, arreé ovejas y cogí aceitunas. Mis tíos cantaban flamenco cuando se entonaban y mi abuela no paraba de renegar a todos los nietos.
    Hacía mucho que no pensaba en ello y tú me has llevado allí. Muchas gracias por evocar los míos.

    Un beso.

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    1. Hola Zavala, la infancia necesita del mundo rural, todos los niños deberían tener esa experiencia que nos hace ser sumamente felices, de ese trato con el mundo (amigos, familia, vecinos) salen textos como el de esta entrada, con recuerdos que pueden llegar a conmovernos.
      Gracias por tu visita fiel. Un beso

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  3. Hola Loli!

    Que bueno, y que largos eran aquellos veranos. Maravilloso paseo por los recuerdos, los aromas, los abuelos... Has hecho muy bien en traer este presente, porque ...es un regalo de los de antes.

    Un abrazo.

    Moon.

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    1. Hola Moon, son palabras de pasado, de tradición, palabras vivas. Había en los pueblos otras formas de pensar, hablar, otro estado mental, otra relación con el mundo y con los otros, otras enseñanzas.
      Un fuerte abrazo y que tenga un buen día.

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  4. Te felicito Loli, es un escrito muy sentido. La recuperación de la memoria nos mantiene fieles a nuestra identidad.
    Un abrazo
    Francesc Cornadó

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    1. Hola Francesc, he conseguido un ejercicio de memoria descargado de ira, intentando comprender y construyendo algo feliz dentro del desencanto. Mi abuelo nos dio ejemplo de un mundo de ilusiones hasta el fin de sus días, es la forma de construir lo destruido sobre una buena base.
      Un abrazo y feliz domingo.

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  5. Preciosa reflexión : los años de la niñez que nos marcan tanto.Tuviste una niñez feliz y eso se nota.Los recuerdos y sobre todo de la niñez...es la despensa de nuestra vida.

    Un abrazo Loli feliz día.

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    1. Hola Bertha, en la niñez ya no es sólo lo que vives, que ciertamente es importante, sino en cómo vas encajando los acontecimientos, tú ya sabes por experiencia la forma de trazar caminos y el despliegue de todas las posibilidades, siempre hay personas a nuestro alrededor que nos ayudan a vivir, a ser y convivir.
      Un beso y buen día.

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  6. Loli, has conseguido emocionarme con esta entrada. Entre la buena música y la historia tan triste de tú abuelo, casi me lo imagino con sus lagrimas... creo que no hay cosa más triste que ver llorar a un anciano.
    Yo también guardo unos recuerdos preciosos de mi niñez.
    Gracias por todo Loli.
    Un abrazo fuerte.

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    1. Hola Olga, la música la he colocado recientemente, son piezas que me emocionan y las he ido localizando en la Red para hacer un listado.
      Son muchas veces las que nuestros ojos no pueden protegerse de contemplar algo incómodo, doloroso o desagradable y no es fácil hacerlo con mirada adecuada, es bastante frecuente que a un anciano le haga llorar un recuerdo, cuando en la vida se posa el silencio y uno tiene el acceso a la verdad de sus cosas.
      Me alegro que te haya gustado. Los textos siempre se quedan cortos a lo que ocurrió y vivimos.
      Un beso y gracias por estar aquí.

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  7. Me emocionan las canciones de tu abuelo, las moras en las zarzas, atrapar renacuajos, bañarse en el río,el columpio, el queso frito, las verbenas, las migas con uvas..............gracias !
    Un abrazo amiga
    Isabel

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    1. Hola Isabel, no sé yo de dónde pudo sacar mi abuelo esas coplas populares. Mi madre cuenta que en la ronda de los mozos le cantaban en la ventana cuando ella era jovencita:
      "capullito, capullito
      que te vas haciendo rosa,
      ya va llegando la hora
      de decirte alguna cosa".

      Una bonita infancia es un legado, una herencia sin testamento, porque herederos somos de lo que sucedió ayer.
      Amiga, un beso y buen domingo.

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  8. Hola, Loli:

    Es muy grato leer este tipo de entradas, lo llevan a uno a viajar por los recuerdos de niñez en medio de bellas imágenes que se recrean dulcemente.

    Tu memoria histórica no es muy diferente a la mía, hay muchas coincidencias.

    Un abrazo.

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    1. Hola Rafael, gracias por pasar a leer este testimonio, relato de una pequeña parcela de mi vida, no hay duda de que toda biografía ha tenido sus transmisiones y también existen memorias que sin ser la nuestra se parecen, dentro de que cada una sea particular.
      No hay que "achicarse", me gusta hacer las narraciones amables y habitables.
      Un fuerte abrazo

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  9. Loli Preciosa entrada..

    Me encantan las historias de pueblos y lo antiguo, yo viví también en un pueblo y me pasaba la vida jugando en la calle.
    Un beso enorme y gracias por compartir tus memorias..

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    1. Hola Enya, en la infancia se sabe poco, hay ignorancia, muchas cosas que se nos escapan y otras que no sabemos descifrar pero se tiene otra atmósfera interior, se va conociendo a los semejantes, en ese comienzo todo es original.
      Mis veranos eran curiosos y apasionados, los días llenos y sin temor a la calle.
      Feliz domingo y otro beso enorme.

      Sepas que me ha gustado esa foto de hoy, valga la expresión, me ha parecido que la retratada ha salido "divina de la muerte".

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  10. Me has transportado a momentos que creía olvidados, Loli. Porque yo tambien me sumergía en aquellos montones de trigo, con la consiguiente bronca posterior de mi abuelo, por el desparrame que hacía. :-)
    Y las piscinas naturales que formábamos amontonando piedras en el rio.
    Emotiva entrada, he disfrutado con ella.
    Un abrazo

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    1. Hola Víctor, lo cierto es que formábamos un grupo majo, en su mayoría nacidos el mismo año, qué hubiera sido de un pueblo pequeño sin nuestras voces, risas y juegos, todos los mayores giraban en torno nuestro, salían a buscarnos si tardábamos más de la cuenta, hoy estaría prohibido hacer pozas en aquel río de aguas frescas y limpias, recuerdo que volvíamos a casa con la ropa muy sucia después de hacer mil trastadas, no había prisas para comer o dormir porque en el pueblo se siguen otros horarios.
      Que pases un buen domingo. Un abrazo

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  11. Me gusta que me inivites a dar un paseo por la historia de tu abuelo en un pueblo....que recuerdos...

    un abrazo

    fus

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    1. Hola fus, este paseo consiste en abandonarse al recuerdo, es la llegada de las palabras que estaban escondidas y que hoy quieren impacientes hacerse visibles, cuando las escribí para el blog las acogí tal como fueron y sin modificaciones.

      Un abrazo amigo Paco. Que disfrutes de este día.

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  12. Loli, cómo me gustan tus relatos pincelados con cancioncillas de estrofas tan ebrujadoras. Y sí, los ábuelos son el troco del árbol de nuestra raíz fundadora; cobijo de la sinrazón de haber nacido y cuya sombra da forma a nuestra alma. Ya te había comentado la primera parte y esta, no menos exquista en la que se convive con un abuelo-humano, "tan común", como la lluvia que cae de las nubes o el sol de cada mañana. Gracias por compartir.

    Nota. Gracias por tu regalo, lo he puesto en mi blog como el del año pasado, los voy a coleccionar, uno a uno... a ver hasta cuantos llego.Abrazo y beososos

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    1. Hola Leticia, me complace tu satisfacción al leer esta entrada que es totalmente libre y sin nostalgia, en su día la composición fue fácil y fluida, salía sola, desparramándose mentalmente, sin acotar espacios ni ordenar.
      La primera parte se publicó hace 3 años y en ella hablo de mi infancia en el pueblo paterno con una perspectiva parecida, tal como percibí las cosas en ese tiempo y espacio. Siempre me vi como una niña que amaba lo noble y rehuía lo indecente y esas directrices nos siguen guiando desde la más temprana edad.

      ¡ánimo!. Cumplirás muchos más y seguro que yo lo he de ver. Un abrazo

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  13. Simplemente, ¡felicidades, Loli!
    Porque has pintado magistralmente un apartado de tu infancia, con una narrativa impecable. Y porque, quieras que no, a nadie puede dejar indiferente un buen recuerdo de infancia, máxime si la infancia ha resultado gratificante.
    En mi caso, nacida y criada en ciudad, ¡qué no hubiéramos dado, mis hermanos y yo, por tener un pueblo, ¡un pueblo, Señor mío!, adonde ir a pasar los veranos. Hubimos de conformarnos con visitar a los abuelos allá en Navarra, cuando nos tocaba, por riguroso turno, aguardando entre diez, doce hermanos.

    En cuanto a las letrillas(bien pudieran ser coplas de jotas), me han deleitado.

    Abrazos
    (Ah, el autor por el que preguntas no es Molina)

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    1. Hola Pili, tu reconocimiento mana del aprecio hacia mí y te lo agradezco. En este post no he hablado de cómo nos preparábamos para ser independientes y de qué manera influye esa etapa de la vida en lo afectivo. Curiosamente no observé en ningún momento una sociedad tan paternalista como la de hoy, ni siquiera sobreprotección, guardo muchos detalles de cómo los juegos estimulaban la manera práctica de razonar.
      Fue una suerte haberlo vivido, año tras año.
      En cuanto a las jotas deberíamos preguntarle a Miguel Ángel Yusta, raro sería que él no las conociera, habiendo escrito cancioneros de coplas.
      Gracias por todo. Un abrazo

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  14. Te deseo un buen fin de semana.
    Un beso.

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    1. Hola Diego, siento no haberte contestado antes, lo hago al tiempo que acaba este fin de semana que por aquí ha sido muy frío.
      Espero que sigas bien. Un beso

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  15. Me ha conmovido la historia,los recuerdos siempre son gratos de traer a la memoria,y sobre todo los de la niñez, cuando estamos ausente d todos los problemas.Un abrazo

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    1. Hola lurdes, reconozco la importancia de aquellos días en los que nuestros fines estaban por realizar, ya quisiéramos que todos los niños tuvieran un ambiente lleno de confianza y sin temores.
      Hemos ido aprendiendo que en ocasiones hay que dar mucho más de lo que se recibe, otras veces es a la inversa, no olvidemos que en la infancia también afloran intereses egoístas. Tener las necesidades cubiertas no son suficientes si nosotros mismos no percibimos la propia existencia como buena. Si detrás de cada niño hay un adulto, yo apuesto por aquellos mayores que supieron humanizar la convivencia, hacerlo es beneficiar al hijo y beneficiarse a sí mismo como padres.

      Buenas noches y un fuerte abrazo.

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    1. Hola José Ramón, quise corresponder a tu visita y me encontré con un maravilloso cisne de cuello blanco sobre fondo negro. Bonitas fotos.
      Vaya mi abrazo hasta esa tierra con aroma a clavel.

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  17. Entrar a tu blog resulta siempre reconfortante Loli, es llenarse de cariño. ¡¡¡Gracias!!! la entrada me ha parecido preciosa, y la música excelente. Un fuerte abrazo y feliz Domingo.

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    1. Hola Pepe, aquí me tienes intentando responder a cuantos habéis venido estos días.
      Hubo este fin de semana eventos interesantes en Zaragoza pero el tiempo no acompaña. El viento del sábado fue tremendo así que mi mejor opción fue el calor de hogar, como aquel que me dormía sobre las rodillas de mi abuelo.
      La música elegida me gusta, soy más de fragmentos que de obras enteras.
      Un abrazo y feliz semana.

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  18. Hermosa y tierna historia de la vida real, extraída de lo más puro que el humano tiene:los recuerdos de la infancia. Gracias, Loli por traerla a este mundo virtual en el que muchos pudimos disfrutarla desde nuestra propia historia. Un fuerte abrazo, amiga.

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    1. Hola Zunilda. Me alegra mucho que pase por aquí una mujer argentina que trae un poco de calor a este invierno español.
      No estoy en redes sociales ni en Google + pero te doy la bienvenida y te invito a que me visites cuando lo desees.

      Gracias por tu comentario en esta morada abierta.
      Un abrazo.

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  19. En el mundo rural, han ocurrido historias, que no dejan de impresionar por la dureza de los medios y por llevar una parte de ternura adosada a cada una de ellas.

    un abrazo

    fus

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    1. Hola fus, en el mundo rural todo se ha desarrollado con gran fuerza pero la vida es bella si a un niño se le escapa que sus mayores han sufrido la dureza de los tiempos.
      Lo importante es que supimos captar instantes cotidianos, que con el paso del tiempo se han convertido en momentos tan personales como especiales.

      Un fuerte abrazo.

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  20. Qué bonito todo lo que cuentas, muchos niños de ahora quisieran vivir esas vivencias.
    Yo siempre he dicho que nosotros, aunque teníamos menos cosas hemos disfrutado más nuestra infancia que los niños de ahora.
    Ayer me sucedió una cosa muy curiosa. estos días he estado muy liada, y con poco tiempo para dedicarle al blog. Uno de mis hijos a venido a visitarnos, justo el sábado se marchó. También la semana pasada se murió uno de mis gatos, y lo he sentido mucho.
    Hace días vi esta entrada, pero quería leerla
    con tranquilidad y ayer cuando estaba preparando la cena, pensaba en ella y me decía que nada más terminar de cenar y recoger todo la leería con tranquilidad, y va y escucho el sonido del móvil avisándome de un nuevo mensaje, y miro y era tu comentario en mi blog.
    Un abrazo

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    1. Hola Paca, vaya dominio de las tecnologías, te avisan de un nuevo mensaje, yo no tengo ni campanitas ni timbres de ningún tipo, estando muy ocupada lo mejor es no enterarse de nada.
      Estos días tuve problemas con el blog, no aparecía, no había forma de acceder hasta que lo rescaté y descubrí que se debía al listado de música que he tenido que borrar, es una pena porque me gustaba esa selección.
      Veo que sigues viajando por tu comunidad, en cuanto a esta entrada, son cosas que siguen en mi memoria con la precisión de algo reciente y sin embargo ya es lejano.
      Un abrazo y buena semana.

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  21. Respuestas
    1. Feliz fin de semana. A la fecha me remito con el día de la mujer trabajadora.
      Un abrazo y felicidades a las mujeres de tu familia.

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