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sábado, 3 de abril de 2010

EL TENDERO TRADICIONAL

Foto: Mercado Central de Zaragoza. Monumento histórico nacional inaugurado en 1903. El mayor centro de alimentación de consumo diario. Bello ejemplar del Modernismo.


Leía un magnífico artículo del periodista Roberto Miranda sobre las cualidades de las tiendas pequeñas y hablaba del óptico que no te cobra por reponer el tornillo de tus gafas, de aquel que anuncia: “liquidación total por jubilación” y del estanco como el lugar donde ahora se están vendiendo hasta collares porque ser fumador no se lleva y el estanquero tiene que vivir del tabaco.
Pequeño comercio es el farmacéutico que te aconseja y te regala una caja de regaliz por tu fidelidad. Quizás recuerden esos tiempos en que los impuestos al pequeño comerciante eran tan abusivos que pusieron todos en la puerta de su tienda un cartel que decía: “No podemos soportar esta cruz”. Y aquellos turolenses que hace unos años colocaron en los escaparates “se vende”, “se traspasa” y no había tienda sin el correspondiente anuncio, yo que iba de turista, asustada pregunté cómo era posible que se vendieran y traspasaran todas las tiendas de una ciudad, eso significaba que algo iba mal.



Foto: Mercado marroquí. Venta de dulces, frutos secos y turrones.

Recuerdo una antigua librería de Tudela donde pude recrearme entre los anaqueles con libros llenos de polvo, nos atendió un librero de bata gris con un peculiar encanto para la conversación, hasta tal punto que subido desde su escalera me gritó sin saber que yo estaba de paso: “llévelo ya me lo pagará, ahora no sé el precio” y recuerdo a mi amiga Araceli pedirle aquel drama de Lorca: “Don Perlimplín y Belisa en su jardín”, salimos de la tienda con muy sonoras carcajadas y todavía nos queda al recordarlo, buen sabor por el rato que pasamos.


Foto: Puesto de naranjas en el Mercado Central de Valencia. Aquí mientras compras escuchas fragmentos de la Traviata.

Se habla de un comercio de proximidad, con trato personalizado como aquel que se contrapone al de grandes superficies al que yo también añadiría las compras on line, ese llamado pequeño comerciante que vivía y tenia la tienda en los bajos de su propio domicilio y es que hacer la compra ya no es lo que era, los mayores recuerdan formar parte de una clientela de confianza que el tendero se había ganado a pulso y todo gracias a su tesón, a la calidad del producto que vendía, el horario extenso de apertura de su tienda y las facilidades que ofrecía al vecino que no podía pagarle, bastaba una libreta para anotar la cantidad adeudada para poder llevarse lo adquirido, unas veces algunos no le pagarían y perdería el dinero y el cliente, corría ese riesgo, pero la mayoría de veces era gente honrada que cumplían su promesa de pago cuando cobraban su salario.


Foto: Fachada y escaparate de una tienda de alimentación en Laguardia (Rioja alavesa).

El buen tendero es aquel que te dice: “no importa, quien sabe si el próximo día puedo tener lo que usted busca”, aquel que no tiene inconveniente en abrir 10 ó 15 cajas de zapatos ni agacharse para ayudarte a probártelos. Tendero es el panadero o el vendedor de melones que viene al pueblo, se coloca en verano en un lugar en sombra y toca el claxon para que los vecinos acudan a comprar su mercancía y también lo es el pescadero que lleva su furgoneta preparada contra las moscas y sólo levanta la tela metálica para entregarte la compra y el ticket. Esos son tenderos fieles que acuden el día señalado, cuando los vecinos lo esperan como agua de mayo porque se están quedando sin provisiones y vuelve una vez más aunque la semana anterior la venta fuera floja y las ganancias pocas.
Tendero es el de aquella tienda, la única que había en el pueblo que cuando yo era niña me mandaban ir a comprar lo mismo unos sellos, que un botijo, había de todo en aquella tienda, era de ultramarinos pero olía a bacalao, a la cera de las velas, a las especias, al cáñamo de los capazos y a pan, se podía llamar a deshoras ante cualquier olvido y te abrían la puerta, digo yo, que sin vida privada, las 24 horas. Tenía balanza antigua y crujía la madera del suelo, los frascos de cristal con tapa metálica contenían caramelos, había sacos de legumbres y la dueña llevaba un impoluto delantal blanco.


Foto: Venta de quesos. Holanda
“Buenos días Pepita ¿qué le pongo hoy? ¿cómo está su marido?”. “Hoy no se lleve melocotones que están mejor los ciruelos”, era algo más que una dependienta, te hablaba del tiempo, conocía tus pormenores, sabía dónde vivías, te miraba a la cara y siempre te daba la bienvenida. Quizás ahora queremos ir al supermercado, no dar explicaciones de por qué hemos cambiado de marca, así nadie sospecha que lo hicimos porque es más barata, queremos hacer la compra lo más rápido posible, que nadie nos hable ni nos entretenga para no tener que decir: “con la prisa que tengo casi no me suelta”.
En el pequeño comercio detrás de un producto hay un profesional que responde por él y un cliente exigente que a veces lo marea; hay trato humano y cuando no tienen algo no se limitan a decirte “lo siento” sino que se molestan en encargártelo, además no espantan al cliente porque no te siguen ni te acosan para que compres.

7 comentarios:

  1. Eran otros tiempos donde el reloj se detenía, donde no había estress, donde había tiempo para todo.
    Recuerdo ir con mi madre a la compra y aquéllo era interminable, largas conversaciones con los tenderos, con los vecinos de paso.
    Y hoy, yo, como todo el mundo, "corre que te corre" y hasta me molesta cuando estoy en la sección de baño, jabones, geles, champús y viene una señorita e intenta ofrecerme aquel producto que no quiero llevarme y ella insiste pero, claro, no lo hace con la delicada atención y cercanía de los tenderos que tú citabas.

    Cambiando de tema, quería preguntarte: ¿podría poner tu blog en el mío como blog recomendado para quien estuviera interesado te pinchara? Te explico, me parece interesante, educativo y una forma insuperable de dar a conocer nuestra tierra y nuestras cosas?
    Espero tu respuesta, sin tu permiso no lo haré.
    Un beso, preciosa.

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  2. Perdurarán... aunque las grandes superficies busquen lo contrario.
    Me gustan las tiendas tradicionales, los puestos de mercados antiguos...

    Un abrazo.

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  3. Amigos, no todo son excelencias como las que cuento. En una ocasión en unos grandes almacenes cuando solicité a una vendedora para abonar el importe de una compra me contestó: “Y yo, ¿cuándo voy al baño?”. Me quedé sin palabras, al parecer la señorita no sabía que su deber es llamar a otra compañera para que atienda al cliente mientras ella satisface sus necesidades.
    Ya hace tiempo que en los porches de Independencia hay unos carteles que nos invitan a comprar en la tienda habitual de carnicería, frutería,etc. bajo la campaña: "tú exiges calidad, yo compro en Mercazaragoza". Un abrazo dominguero.

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  4. Emibel, si deseas recomendar mi blog no tengo inconveniente pero quizás los que acceden a tu blog literario no se sientan interesados con el mío, lo digo por ser diferentes aunque yo leo a muchos a los que no tengo enlace y de temas muy dispares.
    Cuentas con mi permiso, claro que sí, agradecida con el detalle. Un beso.

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  5. muy buen articulo, loli. La verdad en que en los tiempos que corren, siempre se echa de menos la "tienda de toda la vida", y nos trae recuerdos de cuando nuestra madre nos mandaba a comprar o a devolver los cascos de las botellas :)

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  6. Deseo que tengas un feñlz fin de semana.
    Un saludo cordial

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  7. A disancor: gracias por visitarme, siempre es una alegría una persona nueva.
    La curiosidad me ha llevado hasta tu buen blog, el cual quiero ir conociendo.
    Buen fin de semana para ti también.

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