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martes, 8 de septiembre de 2015

MI VIAJE A LA INDIA



Queridos amigos de este blog, mucho he tardado en poder presentaros esta nueva entrada, aquí la dejo y espero que os guste.  No creía que este año iba a viajar tan lejos pero cuando me lo propusieron dije que sí.

Encabezo esta entrada con una foto preciosa, pensando en que debemos pedir luz, cariño y oportunidades para estos niños, un porvenir para cada uno de ellos, y no olvidar las condiciones de esta cruda realidad.



Mientras el monzón descarga su furia como todos los años por estas fechas.

De este viaje se vuelve diferente, se produce un retorno físico pero después de leer en los ojos de la gente, de ver una pobreza heredada y la alegría pura que te roba el alma, esta vasta extensión con más de 1.267.500.000 habitantes, te deja en medio del ensueño y la pesadilla.

Curiosamente encontrarás en cualquier revista los placeres de este país, placeres que se ciñen a la vida de unos pocos, tal vez no te hablen de que el Gobierno de Indira Ghandi revocó casi todos los privilegios de los antiguos marajás, por lo que muchos de ellos optaron por transformar sus impresionantes palacios en hoteles de lujo, con ambientes de Las mil y una noches.  Los clientes podrán conocer las tradiciones vinculadas al cuidado del cuerpo, basadas en la ciencia de la longevidad, la llave para una vida muy larga, que allí llaman ayurveda.  Sin embargo, esa larga vida no se hace realidad y los cuidados del cuerpo, hasta los más básicos, no son conocidos por una mayoría.


El color naranja de la bandera representa el abandono de las cosas materiales, el blanco, luz, paz y sendero honesto que guía a las personas, el verde, la fertilidad y el amor por la agricultura.  Y la rueda, el poder para seguir adelante, tiene 24 radios, las horas del día.

Venía conversando con una compañera de avión, la cual llamaba a La India, "el país de las chanclas", otras dos jóvenes mochileras me dicen haber recorrido el país durante dos meses, habiendo llegado hasta Nepal, al parecer todo se ha reorganizado con relativa facilidad después del terremoto, casi pudiera parecer que no ha ocurrido nada, sin embargo, regreso sin poder resumir fielmente todo cuanto he vivido, hay que asimilar y adaptarse a todas las imágenes que han quedado detenidas.  Si bien creo que es un país al que hay que ir, pero no me atrevería a recomendarlo, es algo muy personal.  Mucha gente cuando llega del aeropuerto al centro de cualquiera de sus grandes ciudades, lo primero que piensa es volver por donde ha venido, pero yo creo que hay que verlo todo aunque no hubiera nada especial que visitar, en medio de todo eso, resulta molesto hablar de lujo y disfrute.  Todo lo que ves impacta por su desmesura.



Los marahajás eran señores feudales, capaces de transportar en inmensas vasijas de plata, toda el agua que iban a utilizar cuando se trasladaban a Londres, no querían otra que no procediera del Ganges.  Durante siglos fueron acumulando tesoros y el gasto de mantenimiento de estas familias era astronómico.
Hacía mucho calor y no llevando sombrero hubo que improvisarlo con un pañuelo



Atrás voy dejando la sorpresa que me produjo ver la profunda mirada de algunas personas, la sonrisa de los niños descalzos que corren saludando, la ausencia de lamentos, la vida resignada, la paciencia y la fe como puntales de un temperamento pacífico.


Nosotros, con nuestro trabajo, comodidad y prisa, damos un salto en el espacio para encontrarnos con otras vidas tan reales como la nuestra, donde los problemas son acuciantes.  El idioma, el funcionamiento personal y social, la raza, la religión  y los estratos, pero sobre todo existen dos sistemas, y uno de ellos es para el que puede pagar.  Pudimos ver absentismo escolar, analfabetismo, y puesto que sabemos que existe pobreza en el mundo, nos parece lejano de tanto oírlo pero es tremendo. También tenemos hospitales muy equipados y limpios pero falta la serenidad y la alegría de la mayor parte de las personas que hemos encontrado.  Allí está la vida, el dolor, la enfermedad, el peligro, personas que sufren y tienen miedo.  De este viaje estoy agradecida al respeto que he podido palpar pero no ignoro que a veces ese respeto no existe hacia la mujer y entonces la India de los cuentos da paso a un lugar muy peligroso para acampar y recorrerlo libremente.

Les cuento ahora una historia, que como todas las de India son alucinantes, cuando se construyó la Puerta de la India para recibir al Príncipe de Gales, los ingleses construyeron un hotel suntuoso al borde del muelle, en Bombay, (Mumbay en los planos), un día un indio intentó alojarse en este hotel y le prohibieron el acceso ya que estaba reservado para los occidentales.  El indio en cuestión, propietario del grupo empresarial más poderoso de la India, dueño, entre otros negocios, de la empresa automovilística Tata, acabó con aquella situación de un modo radical, compró el hotel y así nació la cadena Taj.

En la película Octopussy, el agente 007 se infiltró para lidiar con todo un harén de princesas.....y a día de hoy, cada veinte minutos una mujer es violada en India.  Me gustaría aclarar, que se admite como normal que la mujer de cualquier edad muestre el abdomen al descubierto, pero nunca las piernas, por lo que el pantalón corto no es la prenda más oportuna.

Encantadores de cobras

A unos emociona, a otros sorprende, el caso es no dejar indiferente a nadie, y al final del viaje, se quiere volver o se aborrece para siempre. Tal vez hay que seguir una pauta: la suciedad y las imperfecciones del entorno, no deben afectarnos.

Aunque el hinduismo es la religión dominante, los más alfabetizados son los cristianos.  Este país reúne los últimos tigres de Bengala y hasta frasquitos de plantas y aceites que contienen la suprema felicidad espiritual.

Observen la maraña de cables eléctricos en la foto de la derecha.

Desde el momento que pones el pie en su suelo, comienza la aventura del caos.  La primera impresión es difícil de describir.  A través de la ventanilla trataba de captarlo todo, miraba como loca los barrios marginales, los tenderetes, gente por todas partes, ruidos de bocinas, era todo tan fuerte, tan novedoso.  Las calles coloridas, sin asfaltar, transeúntes con móviles, antenas parabólicas en las casas, pavos reales en los parques, en este país de dioses monos, montañas sagradas, leyendas imposibles de creer y hierbas que sanan, hay gentes dormidas por las aceras o callejeando, camiones, motos, vendedores de limas...  Yo como casi todo el mundo, también me pregunté  en alguna ocasión ¿qué hago aquí? en medio de esta trama humana, de este trazado urbano cual laberinto, con calles anegadas de agua putrefacta, con esta lluvia y calor pegajoso, entre moscas y edificios mugrientos.


Hay una filosofía que considera lícito el placer individual de los privilegiados.  Artha son los bienes del mundo, primero hay que tenerlos y luego renunciar a ellos, ese es el perfeccionamiento interior aunque personalmente no creo que nadie que haya sido poderoso desee experimentar el salto del tener en abundancia y pasar voluntariamente a la nada más absoluta, tal vez sólo está destinado a los que no teniendo herederos, venden sus propiedades y se van a morir a Benarés.


Oficios:  Estampación de textil, costura, artesanía de marionetas, pulido de brillantes, incrustaciones en mármol, recortadora de alfombras.


En primer lugar quiero presentaros a nuestro guía, un inmejorable representante de su tierra, se llama Ram y estudió en España, como él dice:  " mi nombre es el mismo que una conocida marca de leche española".  Hay que decirlo, cuando llevas 10 días en India, dejas de ser blanco y al acabar el viaje llevas el sello de la negritud.  En algunos lugares se agrupan los jóvenes para pedirte una foto y te miran con la sorpresa del que no ve habitualmente a nadie de piel muy blanca y hacen comparar sus brazos y manos con las tuyas.


En algún momento comienzas a valorar la misticidad de esta tierra y te das cuenta que para ellos no es nada importante jugarse la vida al apearse en marcha o al subirse al techo del bus o del tren para viajar con "aire acondicionado gratis".  Mereció la pena compartir viaje con una chica india afincada en España, gracias a ella aprendimos otro punto de vista, muy noble por cierto, si se compara con los intereses de las personas que tienen negocios allí, para quienes su intención siempre es el dinero de una India rica.

Detalle de las pinturas en la fachada de un palacio (Bikaner).



Aquí me podéis ver con nuestro chófer.  Observen el volante a la derecha.

Para sentirse segura en una carretera de India hay que llevar un conductor tan excelente como él. Cada día llevaba un turbante distinto, era muy coqueto.  Practicante del sijismo y aunque siempre me ha parecido complicado entender la historia de las religiones, ellos usan barba y turbante y arriba hay una pequeña fotografía del gurú Nanak.  Esta rama del hinduismo pregona la ayuda a los demás, la igualdad, creen en la libertad, en el compartir los frutos de las cosechas y ser amables con los vecinos.



Aquí estoy con el bindi, un punto ornamental en la frente, entre las dos cejas, muy usado en el sur de Asia.  El sexto chakra, asiento de la sabiduría, allí se concentra la energía durante la meditación.
Mosquitera para dormir y babuchas para entrar a los templos, otras veces hay que llevar muchos calcetines para evitar el suelo mojado y sucio.


Las casas azuladas pertenecían a los brahmanes


vaca sagrada

Yo que soy una viajera valiente, les cuento mi visita al templo de las ratas, la experiencia es fuerte pero no quería pasar por alto este lugar tantas veces visto en los documentales, por eso solicitamos que nos llevaran a conocerlo.  No me parece oportuno presentar más fotos de este lugar en las que estoy rodeada de estos roedores.


Este templo se encuentra en Bikaner, en medio del Gran desierto Thar.  Es una curiosidad que muchos guías no quieren comentar para evitar la repugnancia de los viajeros aprensivos.  Estas ratas sagradas se llaman Kabas y se les da de beber leche.  Hay que descalzarse y el guía advirtió que no se podía gritar.  He leído que no todo el mundo del esterilizado Occidente puede soportar esta visita.  Buscando la rata blanca que es la de la buena suerte, no la encontré, ya es bastante suerte no haber tenido ningún problema de salud.  Soy fuerte, esa es la verdad.
Abluciones en el templo

vendedores de ofrendas (flores y cocos)


A la izquierda,  limpiando los templos, a la derecha, mujeres esperando que comience una procesión

Camello tirando del carro
Pareja en burro

En el Viejo Delhi, pude ver el Raj Ghat, en el que una losa de mármol negro señala el lugar donde incineraron a Gandhi, también es espectacular la mezquita Jama Masjid y el Fuerte Rojo, sin olvidar el Gurdwara Bangla Sahib, templo de la religión Sikh, la Puerta de la India, un arco de piedra en memoria de los soldados hindúes que perdieron la vida en la Primera Guerra Mundial y el Rastrapati Bhawan, la residencia oficial del presidente de la India, y a pesar de la lluvia, me gustó especialmente el Qutub Minar en la zona del Nuevo Delhi, donde las parejas de enamorados se hacen fotos, las ardillas corretean entre los visitantes y los árboles dejan caer sobre la hierba sus flores blancas.



Palacio del Agua a las afueras de Jaipur



Sólo puedo decir haber conocido la región del Rajasthán, queda mucha India inexplorada a mis ojos, tras el impacto inicial que supone siempre un antes y un después, he visto la subordinación de la mujer y me he enterado de que la esperanza de vida se acorta con respecto a la nuestra en casi 25 años.




Gitanos en camioneta

En las fábricas de alfombras


Al llegar a mi casa siento la necesidad de pasear de noche, por las calles desiertas y aspirar profundamente el olor a pino de mi humilde barrio.  Mis pulmones se han llenado en exceso de monóxido de carbono, casi me atrevería a decir que el combustible sigue adulterado como lo fue en otros tiempos, de ahí que las mascarillas formen parte del atuendo si se quiere prevenir el asma o cualquier enfermedad respiratoria.




Hombres jugando a las cartas

La peluquería

No es fácil transmitir los olores, los sabores, ni siquiera los colores, mucho menos el hedor de las aguas residuales de las calles, el calor húmedo que empapa nuestras ropas, los fuertes aguaceros del monzón, la ausencia de electricidad en el hotel, los cortes de agua, la gente inactiva tumbada en el suelo o en jergones al aire libre, especialmente los que se dedican al comercio.

Indios en carretera



Bailarinas

Madre e hijos

La foto de la izquierda es una de las miradas más hermosas que he tenido frente a mi en este viaje.  Es un sij y se dedica a dar de comer a los miles de pobres de Nueva Delhi. Juntó sus manos e inclinó su cabeza para saludarme y me insistió en que fotografiara para dar a conocer la labor que se viene realizando.  No son muchas las veces que nos encontramos con personas especiales que saben tocarnos el corazón.

Estas fotografías las hice al comedor gratuito.  Vemos a la derecha los cubos de lentejas y a la izquierda el pan plano sin levadura, se llama roti, naan, purís, chapati... y pueden ser de queso, de ajo, etc.


En estas fotos aparecen a la izquierda los comensales y a la derecha los voluntarios pelando cebollas.
Templo de la religión sij en Delhi
Mujeres en el mercado


A la izquierda, un templo, vean los zapatos en la entrada.  A la derecha, un estañador.  En ese momento me saluda un chico de Zaragoza, no podía creerlo, a 8000 km. y voy a encontrarme a alguien de mi ciudad.




El Palacio de los vientos de Jaipur
venta ambulante
Existe una costumbre que aunque no es legal, cuando se llega a un pueblo sus habitantes colocan una barra para cobrar "peaje" y hay que abonar el impuesto para acceder a la población.




Cuando dos varones adolescentes van de la mano, no significa que mantengan una relación amorosa sino que son simplemente amigos.
Una muchacha con cascabeles en los tobillos, baila y hace acrobacias sobre una tabla de pinchos.


Esta es la manera en que los hombres enrollan su turbante utilizando 12 metros de tela.
Peregrinos vestidos de naranja

El tuc tuc o tuk tuk es lo que aquí llamaríamos un taxi y llevan motor.  Hicimos una carrera a velocidad vertiginosa, por parejas, que resultó ser muy divertida.  Por lo demás, desplazarnos a otras ciudades son trayectos que duran horas y en los que hay que disfrutar con un paisaje que siempre depara cosas nuevas.




En Shekhawati, visitamos la zona y sus Havelis, casas de comerciantes con negocios prósperos, esta zona es conocida por sus coloridos frescos con una amplia variedad de objetos que van desde lo religioso a lo erótico.


Veremos tullidos, enfermos y ancianos que esperan una muerte cercana, y todo esto entre templos, ritos y ceremonias, las cuales me han sorprendido más por desconocimiento.  El color rosa pertenece a Jaipur, el blanco a Agra,  el verde a Delhi, el azul de Jodhpur.  Para quien no lo sepa, todas las palabras que acaban en pur su significado es ciudad.  En este último lugar, la ciudadela del sol está ubicada en lo alto de la montaña, con unas vistas espectaculares de la ciudad

Nuestro grupo sorteando los charcos y el barro

Hay puestos callejeros sin ninguna higiene y tráfico caótico que va sorteando vacas, cabras, búfalas y viandantes que cruzan sin temor a ser atropellados.  En India no hay normas, se puede conducir y los hay que conducen sin permiso, lo mismo que los varones pueden orinar en la calle.  Se puede pasar hambre y dar de comer a las ratas y a los cerdos.  Las basuras se acumulan en cualquier parte, de ellas se alimentan aves carroñeras y perros, no hay alcantarillado en muchas zonas, el agua de los ríos sagrados es insalubre, el picante y las especias, en alguna ocasión puede transformar el mal sabor de cualquier alimento.  También se puede circular por las aceras y viajar sin casco y en moto, toda una familia de cinco miembros.


Bikaner es una ciudad fortificada, conocida por tener la granja de camellos más grande de Asia, también recuerdo que en algún punto del camino nos hicieron mirar a la izquierda para ver el inmenso hospital veterinario destinado a las vacas, entonces pensé en una escala de valores que parece colocar al ser humano por debajo.  Ese día llegamos hasta el desierto para cenar en el Campamento de Raisar, a la llegada nos colocaron collares hechos con flores de jazmín que desprendían su agradable aroma, en una casa con techo de paja y grandes ventanales orientados hacia las dunas se improvisó el comedor, con música zíngara y bailes a la luz de las velas, en algún momento tuvimos que apartar con piedras a las vacas que bajaban por el sendero, alumbrando la noche oscura con nuestra linterna del móvil.




Las mujeres del campo retiran las malas hierbas, cargan leña y forraje sobre sus cabezas, los barberos trabajan en las calles, las máquinas de coser son esenciales en este país acostumbrado a la tarea textil, una tarea mal pagada por aquel empresario que calza la marca de mocasines más cara del mundo y el cinturón de Gucci.




Los notarios redactan en la calle con su máquina de escribir cualquier documento.  Huele a sudor, a ropa vieja, y a saber qué.., mientras la mayoría camina casi siempre con los pies libres, sin ataduras, sin calcetín, sin nada, pies sucios y renegridos, con los que andar una vida descalzos.  No hablar de esta parte de India sería obviar algo importante de su esencia.

Nuestros alojamientos.  Vean el llavero, se trata de un candado y una campanilla.

Uno de los hoteles y su arreglos florales.


Desde mi ventana

Pushkar es una de las ciudades más sagradas del hinduismo, famosa por su importante feria de ganado y por su templo dedicado a Brahma, es el único templo del país dedicado a esta deidad, nos acercamos al lago sagrado, donde la gente se daba un baño para purificarse y más tarde se realizó una ceremonia, donde en todo rito la campana es un objeto de culto, nuevamente tuvimos que colocarnos los calcetines, ya que no se permite ir calzado.  El mercado local me pareció único, al final del día, todos me llamaban por mi nombre.




 La mitad de la población no dispone de cuenta bancaria, el gasto militar es desorbitado, abunda la pobreza, la corrupción, la desnutrición, la inadecuada atención médica, el terrorismo.  Hay un sistema de castas y lenguas diversas y hasta mala relaciones con los vecinos de China y Pakistán.
Tardas en poder hablar del viaje con raciocinio, cómo explicar que una persona de la casta superior puede pegar al de la casta inferior sin derecho a réplica, nosotros cuando nos sucede una injusticia podemos expresar nuestra disconformidad, ellos ni se lo plantean.


Niños en el colegio (privado)


He participado de las ceremonias Aarti, mezclada entre los autóctonos y me dejó con la boca abierta, el Fuerte Amber, una imponente fortificación de la zona, cita obligada si se quiere profundizar en las raíces y cultura, no hay que olvidar la influencia de las culturas mogol y rajasthani.  Me ha gustado mucho el palacio de los Vientos, con 953 ventanas, desde esta fachada las mujeres del harén podían asomarse a la vida cotidiana de la calle de esta gran ciudad y fue muy interesante la explicación en el Observatorio astronómico Jai Singh, así como la ciudad fantasma, que no es otra que Faterhpur Sikri, levantada por el emperador Akbar, con su mezquita y su patio.


En el medio rural la boñiga de vaca se utiliza como combustible para cocinar, y cualquier niño gitano ofrece juegos de magia y sabe dar las gracias reiteradamente con la humildad de quien crece en la calle y se gana la vida en ella.  Cualquier pequeño te solicita un bolígrafo o un caramelo.

Una familia posa para mi


India también ha tenido políticos con delirios de grandeza que han levantado sus propios monumentos culto al egocentrismo, sus estatuas de bronce en parques que nadie visita, estos dirigentes no han sabido mirar a una nación superpoblada y a un pueblo moribundo.  Pero a pesar de todo, existen voluntarios que pelan cientos de kilos de patatas y cebollas cada día para dar de comer a los pobres de Delhi, y casas de la Madre Teresa, en Agra, que saben continuar su obra. Personalmente no me gusta fotografiar la miseria, siento que no tengo ningún derecho.




Hay niños uniformados, debidamente aseados, que practican deportes y estudian preparándose para un futuro exitoso, son la clase alta del país.  Aquí van esas dos partes antagónicas de una misma nación, frente a la desesperación de un vendedor ambulante entrado en años que muestra su mercancía o la mujer que lleva en brazos a un bebé dormido, que nunca despierta y mendiga con él con la oscura intención de obtener su provecho.  Todo eso dentro del increíble trajín de personas de todas las edades y condiciones.  Si bien, las tiendas de saris tienen potente aire acondicionado y nada tienen que ver con el resto de tiendas del bazar, allí las mujeres de mejor posición van eligiendo cómodamente las telas de seda de vivos tonos y demás aderezos para confeccionar su traje a medida.


Los peregrinos vestidos de color naranja llevan agua del Ganges, los dioses son muchos, los templos hinduistas en cartón piedra se asemejan a las Fallas de Valencia, los conductores de bicicletas (rickshaws) duermen sobre ellas para que no se las roben y para hacer más llevadero el trabajo de cargar a pasajeros durante muchas horas, mastican su droga diaria y la escupen al suelo.



Que un ser humano te lleve a tu destino pedaleando, me desagrada tanto como encontrar a las tejedoras de alfombras que entregan su vida a la rueca y al huso o el lujo de las tiendas de mármol y piedras preciosas, que más parecen turbios negocios que un establecimiento de trato serio, la insistencia es abrumadora, pero este es otro mundo y los indios, gente serena, resignada y buenos en su conjunto.



Para no ver con dolor las escenas rápidas y cambiantes que pasan tan veloces como el tráfico hay que llevar un escudo que impida sufrir por esas almas cuya dignidad ha quedado tan rebajada.





Mucho he aprendido de este viaje, he visto la casa de adoración Bahai, cuya arquitectura representa a la flor de loto y niños jugar al cricket, y lavanderos a las orillas del río Yamuna, sé que sanidad y educación son urgentes, que conviven judíos, cristianos y musulmanes con hinduistas y budistas y que dentro del hinduismo hay ramas como el sijismo y el jainismo.  Religión y filosofía sustentadas por Brahma, el creador.



Hay obras preciosas y reflejos en las aguas de los lagos que llaman sagrados y carga espiritual durante las ceremonias o en cualquier templo de la calle.  Hay ciudades muy bulliciosas y una frontera invisible donde sin los sentidos, no hay nada que hacer.



En cuanto al Taj Mahal, edificio igual por sus cuatro lados, parece mentira que no sea un palacio sino una tumba y que el estilo sea musulmán, pues musulmán era el emperador que lo mandó construir como homenaje a su esposa favorita que falleció dando a luz a su decimocuarta hija, próximo al Fuerte Rojo, donde fue recluido y falleció mirando los muros de mármol blanco y las cúpulas inmensas que por entonces eran de pan de oro.




Qué buscamos en India los que viajamos a ella, no se sabe, no basta con ser observador de un espectáculo pero sí es un  misterio amar y entender a esta muchedumbre que te llama hermano, el viajero sin dudas, tiene un perfil determinado y un espíritu y hambre de mundo que no acaba con la visita al Taj Mahal ni con subir a lomos de un elefante, cual turista convencional.  Hay zonas que son regalo para el cuerpo y el alma, atardeceres, nieblas, arrozales, nubes de incienso, lagos llenos de ofrendas, parajes deshabitados y secos y se ven devotos con sus abluciones purificadoras y se oyen los mantras que entonan los peregrinos.

A ver si averiguan dónde estoy

India es verde y desierto, es lujo y miseria, es rascacielo y chabola, y sólo en nuestros ojos existe una India cargada de secretos y belleza.
Gracias a los que con interés lean la crónica de este viaje.