ERES LO QUE ESCRIBES

domingo, 21 de diciembre de 2014

NAVIDAD DEBAJO DEL CIELO


Decoración de mi mesa

MI REFLEXIÓN DE NAVIDAD

Si enumeramos todo lo que el ser humano necesita para vivir bien, se incluye en ese listado de deseos tan lógicos y humanos, el amar y ser amado, la calidad de vida, que abarca una dignidad desde el nacer al morir, la satisfacción de las necesidades, el florecimiento de todos en armonía, el tiempo libre necesario para la contemplación, la prolongación indefinida de las culturas, hasta aquí son los mandamientos de los quechuas, en su lengua ancestral es lo llaman Sumak Kawsay, el "buen vivir" y hoy día siguen estando vigentes.  Yo añadiría otros tantos, una tierra más viva, un sabor como el de antes, un agua y un aire más limpios, un cine menos centrado en catástrofes naturales, un respeto a los animales, un freno al cambio climático, y al referirnos a la salud, tomaríamos medidas contra la mercantilización de las medicinas, crearíamos un trabajo menos mecánico y para todos accesible, trataríamos de lograr una enseñanza universal que acabara con la ignorancia y apostaríamos por un mundo con más gente interesada en el plano moral. A las antiguas aspiraciones he añadido mi propia propuesta en unos tiempos y en un mundo donde lo que no se abandona se aplaza por falta de tiempo, estamos en una sociedad cuyo remolino gira y grita lo bueno que es disfrutar de la vida a tope,  aunque eso no sea vivir de verdad ni alcanzar casi nada, hay un horizonte bastante negro para quien no puede obtener ni lo más básico y existen muchas desigualdades que ofenden.
Estamos en Navidad y la Navidad no sólo necesita jolgorio, también necesita silencio, sin él las cosas pasan de largo de nuestra vida, como jabón que resbala.  Lo pequeño, de tan simple se hace importante porque puede llenarnos y es más auténtico.
Todos necesitamos mejorar alguna parte de nuestra vida pero para sacar lo mejor de nosotros mismos hace falta la voluntad de querer y buscar cambio, tenemos que hacer algo más que vivir para trabajar y consumir sin medida, de sobras sabemos el valor relativo del dinero, ese estiércol del diablo que todo lo mancha. 

Un belén más de mi colección

El Niño se dejará encontrar por aquellos que lo buscan con el corazón abierto.  Seamos felices cuando tenemos aparentemente las condiciones para serlo. La felicidad también nos la dará pasar unos días de diálogo, de risa en los labios y amor en el corazón, y sobre todo, si sabemos huir de ese lucimiento exagerado que abunda en arrogancia y presunción, no olvidemos que la ostentación es un río que cuando se desborda, puede arrastrarnos con él. 


Luz y color en mi palmera


No es la primera vez que coloco un poema de un quijote de los pobres. 
Se titula:  COMADRE DE SUBURBIO.  De Pedro Casaldáliga. 



La cueva no tenía más higiene que el viento de la noche.
Dios tuvo un vecindario de pobres amahares. 
-Vallecas o Belén, Belén o Harlem, Belén o las favelas-. 
Tú tenías apenas las dos manos para alternar con ellas el pesebre.

Las ricas caravanas llegaban siempre a punto. 
Vosotros llegaríais con las puertas cerradas. 
No hubo piso en Belén, ni hubo piso en Egipto, 
y no hay piso en Madrid, para vosotros.


José estará de paro forzoso muchos días.
Después tendrá, por fin, unas chapuzas de esperanza en madera.
Quizás abrirá zanjas, sin subsidios.
Hebreos sospechosos en un barrio de Egipto acorralado, 
viviréis al contado de la suerte, como viven las aves. 

El Nilo gastará, día tras día, 
la piel y la hermosura de tus manos anónimas, 
sangre del rey David venida a menos. 
Y el Niño crecerá sin más escuelas que la lección del sol y tu palabra.



Vecina del pecado y la vergüenza, 
con el Verbo hecho carne que habita entre nosotros 
tú has instalado a Dios en el suburbio humano. 
Carmen, Dolores, Soledad, María: 
todos los nombres llevan la concha de bautismo de tu nombre.





Vives realquilada por la pena y el miedo, 
en un cuadro de tela reluciente o en un yeso pintado, 
o en la fe vergonzante de una estampa escondida en la cartera; 
y tu sola presencia rutinaria 
traspasa las miserias del suburbio del mundo 
con un hilo irrompible de alegría.

¡comadre de suburbio, 
ensanche de la Gracia, 
puerta y solar de la Ciudad Celeste!




Como todos los años, he preparado para la ocasión unos dulces, esta vez he hecho unos deliciosos coquitos de Navidad y unas galletas de jengibre.







Aquí las ordené, en la bandeja del horno, colocadas como símbolo de un amor que creciendo, va de menos a más.



Y después añadimos mermelada de fresa y melocotón



Un poquito de azúcar glas y ¡a probar!



Y ahora me tomo un descanso y me voy en busca de la emoción, escuchando unos villancicos  de un genio de la música, el magnífico violinista libanés Ara Malikian, (de su álbum Christmas mood)





No sin antes daros las gracias por estar ahí, acompañando y regalando lo mejor de vosotros. Esta mañana recibí tarjetas, mensajes y correos que decían: 

"te quiero mucho bonita zaragozana" 

"gracias por tu tarjeta dedicada con tanto amor, el mismo que yo he puesto en la que te envío a ti".


"Te envío el deseo de que disfrutes de unos días de paz en un mundo donde la capacidad del hombre para infligir dolor al prójimo, no parece disminuir".

"Benditas sean estas fiestas que nos unen. Que el hecho de no poder verte, no me impida llegar a ti".


Se agradecen los mensajes que tocan hondo, puede que no se vean pero se sienten, es amor real y sin adornos.

Yo también os deseo que la felicidad se extienda a todo vuestro entorno, que hayáis culminado unos proyectos con éxito e iniciéis los próximos con todo el entusiasmo del mundo. 
Seguro que no faltará un recuerdo para los seres amados que ya no están y una mirada atrás a la Navidad de nuestra más tierna edad.
Bien quisiera prestaros, uno a uno y tranquilamente algo más de dedicación.
A TODOS, UNA NAVIDAD PRECIOSA.