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domingo, 1 de julio de 2012

UN LIBRO: UNA MAESTRA EN KATMANDÚ



Este invierno se proyectó en las salas de cine españolas la película Katmandú, un espejo en el cielo,  la cual no pude ver pero sí vengo a comentar el libro en el que está basada.

Un libro con peripecias reales, corrupción política, miseria y desigualdad.  En esta historia femenina, de la cual me he quedado con cosas importantes, hay exotismo, espiritualidad y un viaje interior, el de una mujer luchadora en un país de altas montañas, es Nepal país tan fascinante como pobre. 


Dejando al margen la historia personal y sentimental que ella describe con total realismo, la esencia de lo que después ha sido la película según la directora de cine Iciar Bollaín es que además de que uno puede hallarse a sí mismo en la lejanía, la gente sin educación es más manejable.
Espero que os gusten mis fotos, no encontré otras de un tema educativo, nunca mejor dicho, son las que tenía más a mano.


Póster con hábitos de higiene

Con respecto a la reflexión religiosa puede leerse en una página lo siguiente:  "...... Si la religión no puede servir a los hombres para estar más cerca de sus semejantes, a ser más conscientes de esta gran alma universal que somos todos ¿para qué sirve la práctica?. Si en nombre de la religión ponemos barreras en lugar de destruirlas ¿para qué sirve ser religioso?...desde el momento en que empezamos a atribuirnos nombres, etiquetas y nos declaramos pertenecientes a algo en exclusiva, estamos ejerciendo la doctrina del yo pertenezco y tú no, sin tener en cuenta que Dios no tiene semejante división.
El verdadero encuentro y la verdadera unión es tener sentimientos de afecto, el corazón no sabe de religiones ni de partidos.  Los cristianos no deben olvidar lo que predicaba Jesucristo: la práctica del humanitarismo, el amor incondicional, la humildad, la compasión hacia el prójimo y el acercamiento entre seres humanos.
Las religiones deben investigar cómo hacer más felices a los que tenemos a nuestro lado, cómo tener la capacidad de hacernos la vida más agradable los unos a los otros en lugar de distanciarnos."


Los niños en fila para lavarse las manos antes de comer, por eso dije que eran las fotos que tenía más a mano

Con respecto al voluntariado podemos leer algo muy interesante: "La ayuda pasa no sólo por apadrinar un niño y mandarlo a la escuela sino que tiene una extensión más amplia, llega de la mano de las donaciones de gente de países ricos que mandan cantidades exageradas de ropa, de comida o de otros productos sin pararse a pensar si los necesitan o no, generalmente son cosas que sobran, vestidos que se han quedado viejos, pequeños o pasados de moda, medicinas caducadas, libros de texto de años anteriores, juguetes rotos, lo que aquí solemos llamar “estorbos”, aquello que decidimos tirar cuando hacemos limpieza de los armarios, no hay espacio en casa para almacenarlo y si alguna institución de las benéficas viene a casa a recogerlo creemos que estamos haciendo caridad, un gran acto hacia los pobres, la intención es buena pero la palabra cooperación se queda en nada y el vínculo es negativo entre el que da y el que recibe. Hay que analizar lo que el otro necesita, es él quien debe verbalizar cómo quiere ser ayudado. La mejor ayuda es formarlo para que un día pueda prescindir de nosotros.  No le mandes vestidos, mejor es que estudie, trabaje y cuando gane un sueldo, se compre la ropa que le haga falta.  Los pobres se pasan la vida esperando la ayuda y los otros se sienten generosos y los héroes de la película.  Lo que Freire llama en la pedagogía del oprimido “falsa caridad”, el nivel de dignidad viene dado por el tipo de educación que recibimos, la información que nos rodea, los medios a nuestro alcance, la diversidad de opciones, las oportunidades y opiniones, a las que nos han sometido, el apoyo político, administrativo y social de nuestro país, etc. vemos que todo esto no lo hemos elegido sino que nos viene dado desde el nacimiento.  La principal discriminación es la del que se cree superior cuando está ayudando".



"Por mucho que uno se prepare desde aquí, siempre hay un abismo a la hora de sintonizar con las costumbres y con la gente, lo cual es un obstáculo continuo.
Por muy preparado que uno crea estar para ir al Tercer Mundo, en ocasiones  hay gente con mucha voluntad pero poca preparación.  La experiencia enseña que tener voluntad para hacer algo no significa tener los conocimientos o capacidades necesarias para llevarlo a cabo.  Primero es el choque cultural que supone aterrizar en un país lejano, hay que adaptarse al contexto del país para poder entender algo de la mentalidad y pautas de conducta, ese proceso necesita tiempo y es un recorrido personal, que varía según el sujeto, la experiencia demuestra que los voluntarios comienzan a comprender la esencia de su trabajo cuando sobrepasan unos meses. Para un europeo no acostumbrado a una realidad social tan distinta a la suya, le es difícil dejar de lado una actitud paternalista y disimular una posición de cierta superioridad.  Algunos no entienden que un cooperante debe tener la suficiente humildad como para responder a las necesidades reales y las demandas del país receptor de la ayuda, olvidando sus propios esquemas sobre lo que debería ser desde la perspectiva. A menudo no coinciden las expectativas y necesidades reales de los destinatarios con lo que nosotros creemos que necesitan. 
Por eso muchas instituciones buscan que los voluntarios tengan el perfil necesario en experiencia, conocimiento del idioma, capacidad de adaptación.
En este libro divide en dos grupos a los voluntarios, los que son capaces de darse cuenta de sus deficiencias y los que no perciben ese desequilibrio, estos últimos, no sólo no son una ayuda, sino que representan una carga adicional.  Como no identifican la raíz de su problema proyectan malestar hacia el exterior y adoptan una actitud hipercrítica, cargada de negatividad contra el proyecto y quienes lo dirigen.  La única tarea útil y saludable es ponerse generosamente a disposición de la dirección.  El único concilio que ha venido a realizar el hombre a esta tierra es el reencuentro con el propio ser, ser coherente con uno mismo es lo único que importa.   La vida no se equivoca somos nosotros los que cometemos errores al elegir y de ellos se deriva la frustración.
La vida es una continua renuncia del terreno de uno para ir cediendo el paso al sentir y al ser de los otros. Cuanto más se quiere imponer el propio ego, más solo está uno." 

Estas son las reflexiones de Vicki Sherpa, una maestra catalana en Nepal que luchó duro cuando quiso abrir una escuela para los niños pobres del país y no es otra que Victoria Subirana, la autora y protagonista de este libro que  he terminado de leer hace muy poco, ella nos muestra el sentido de la trascendencia, de que lo que haces sirva para algo.

 “ALLÁ DONDE VAS TÚ, DECIDES QUIÉN ERES”