Repite: El mundo está en paz y yo también.

domingo, 1 de agosto de 2010

LA RUTA DE LAS ESTRELLAS

Queridos amigos: No me es posible pasar por vuestros espacios para saludaros por eso lo hago desde aquí ya que vuelvo a marcharme, es la última semana de vacaciones que me queda. Gracias por vuestras llamadas, mensajes y correos. Saludos a los que he conocido y a los que no me abandonan cuando me voy. Os dejo las fotos de La Coruña una ciudad que aproveché para conocer después de mis andadas. Como llevo la intención de abrir un nuevo blog sobre el Camino de Santiago, allí os mostraré todas las fotos que he hecho en estos días que son muchas; comenzaré en Somport y Roncesvalles y terminaré en la Costa de la Muerte - Finisterre (el fin de la tierra o finis terrae) adonde los peregrinos se dirigen para quemar las botas.

Dejo también tres entradas que escribí ayer después de un largo viaje de regreso. Quiero deciros que la vivencia ha sido como esperaba, nunca defrauda a pesar de mi primera llaga profunda en el talón que comenzó a drenar aparatosamente un poco antes de subir a O Cebreiro, lugar que ha dado a conocer al mundo Paulo Coelho, esta es la cuesta más temida por los peregrinos, se dice en broma que es “la cuesta que no cuesta”, era mala hora debido al calor y grande el desnivel y fue el aviso de que no debía subir, en estos casos lo más cabal es descansar y dejarlo para el día siguiente porque no es cierta la frase que dice “No hay gloria sin dolor” y que muchos llevan escrito en el delantero de sus camisetas.

Con la experiencia que tengo de otros años puedo decir que el Camino no es una competición deportiva aunque muchos lo vean así, pasar por los pueblos como el rayo no es caminar; caminar es detenerse a contemplar un gallo de vistosos colores, advertir que entre el bosque aparece un indicador, ver las hermosas vidrieras, las pequeñas ermitas o el bordón singular de algún peregrino que lleva una rama de romero, una concha, cintas llamativas y la calabaza llena de vino.
Te encuentras con fieles perros a las puertas de los refugios y por supuesto en algún momento hay dolor en cada pisada.

Hay mojones, arte, pilas bautismales y biblias en distintos idiomas; todo invita a dejar pasar las horas con calma, a detenerte sin prisas disfrutando de momentos únicos. Caminar es ser recibido con el sonido del cuerno de vaca y unas hojas de menta, leer una inscripción y seguir un paisaje de profundas gargantas, oler a campo, pasar por aldeas lejanas y desconocidas iglesias o mirar las nieblas sobre los montes y praderas. Caminar es sorprenderte porque alguien dejó canastillas de frutas del bosque llenas de frambuesas y grosellas, admirar castaños centenarios, conocer gentes de toda condición y tonificar los pies doloridos y abrasados por la marcha en las heladas aguas de los ríos. Foto: Caronte. Escultura de Ramón Conde, no de Botero aunque lo parezca.

Caminar es maravillarse entre cascadas, helechos y fuentes; campanarios, cruceros, calles empedradas, claustros, gentes que pasan cantando, imágenes labradas en cualquier material y pájaros de dos en dos en armonía colándose por las rendijas de la piedra.
Hay flechas amarillas, rumores en el viento, botas abandonadas, peregrinos a caballo, gatos mimosos y adorables campesinos con los que conversar.
Caminar es hacerlo por un puente sobre el río, ver los rosetones, comer lo que es típico de la zona, ver salir el sol desde mi litera y sentarme en cualquier sitio procurando reposo.

Estos días Santiago fue una fiesta de día y de noche con espectaculares fuegos artificiales e increibles espectáculos de luz y sonido, una ciudad acostumbrada a todo tipo de personajes y situaciones, allí encontré pícaros callejeros que al atardecer roban las monedas de las fuentes, charlatanes, mimos, gaiteros, peregrinos que solicitan limosna, jóvenes con guitarra en mano que cantan bajo los soportales o tunos en cualquier esquina, hombres barbudos o de largos cabellos, personas que rezan con un rosario en la mano, todos llegan a Santiago sonríen, lloran, confían y esperan porque esperar es tener la certeza de que los sueños pueden cumplirse.
Este año, para sorpresa mía encontré en Santiago al mayor vagabundo del Camino, un transeúnte especial al que conocí el año pasado en Santo Domingo de la Calzada, es francés y vive en el Camino como un pobre, al pasar por la Rúa del Villar, estaba sentado con la misma cabeza rapada y lustrosa y sus fuertes músculos en las piernas forjados en una vida andariega y lo llamé, por supuesto, cómo iba a pasar de largo: ¡Dennis!, ¡Dennis! entonces se volvió hacia mi sonriendo pero sus ojos negros delatan su triste condición de trotamundos, de una vida errante que eligió para sí, me abrazó, golpeó sus manos frente a las mías en un gesto muy suyo y gritó su consigna favorita ¡solidaridad!, ¡solidaridad! con disimulo extendí unas monedas que él aceptó con la misma discreción que yo se las ofrecía. Un hombre limpio, de cuerpo, vestimenta y corazón. Vaya este recuerdo para él porque arrieros somos y en el camino nos encontraremos.

Tengo que mencionar el despliegue de efectivos de guardia civil, especialmente los que iban a caballo por los bosques sombríos transmitiendo seguridad y protección con su presencia, porque entre la multitud también los hay que parecen peregrinos sin serlo.
Un recuerdo especial para Teresa, mi amiga de Albacete y compañera de este viaje, a Mikel de Pamplona que iba en bici y a cuantos compartí mesa, refugio y conversación.

Un besito desde aquí para Alejandro, el peregrino más joven que estos días encontré a pie con sus papás, un valiente de 9 años. Alejandro, un niño inteligente y sociable a quien le gusta dar las buenas noches cuando se apagan las luces del albergue, hacer fotos, contar chistes y poner velitas en las iglesias. “Loli, hoy te he visto dormida en la Catedral, debes estar cansada”...... cuando le expliqué supo entender que yo no me había dormido en el templo aunque tuviera los ojos cerrados.

¡Hasta pronto!... y no dejéis de leer las cuatro entradas que coloco hoy y que creo interesantes.